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Ninguna parte de los sermones en texto puede ser imprimida o difundida. Por favor, grabe en su corazón lo que ha entendido, para compartir la fragancia de Sion.

Obtengamos la ciudadanía celestial

Ahora, muchos de nuestros hermanos y hermanas espirituales están viniendo de todas partes del mundo, conforme a la profecía de Dios, que dice: "Tus hijos vendrán de lejos, volando como palomas a sus ventanas". Esto nos muestra que ninguna profecía de Dios puede pasar sin cumplirse.

Aunque son de razas distintas, todos ellos tienen la misma fe en el Espíritu y la Esposa, y cumplen la obra del evangelio fielmente. Y nosotros, al ver su rápida comprensión de la palabra de la verdad, podemos sentir que el tiempo indicado ha llegado y que Dios está dando en abundancia el poder del Espíritu Santo a toda nuestra familia de Sion. Estemos en oriente o en occidente, somos el pueblo de Dios y tenemos el mismo deber. No importa a qué país pertenezcamos físicamente, porque somos el pueblo de Dios que tiene la ciudadanía celestial.


Los que conocen el valor de la ciudadanía celestial

Un miembro de nuestra iglesia en el extranjero, que había viajado a Corea para estudiar la Biblia, me preguntó si era seguro salir de noche. Le respondí que podía salir a cualquier hora si lo deseaba. Y él, sorprendido, y con los ojos bien abiertos, dijo que era increíble; y se admiraba una y otra vez, diciendo: "Corea es un país realmente bueno para vivir". Sin embargo, hay un mejor país preparado para nosotros: el reino de los cielos, nuestro hogar eterno. Obtener la ciudadanía celestial es la esperanza más grande que podamos tener.

La gente tiende a pensar que Estados Unidos es el mejor país de la tierra. Muchas personas en el mundo entero, sueñan con vivir en este país, en el que pueden encontrar empleo y vivir el "sueño americano". Ellos se esfuerzan por inmigrar a los Estados Unidos y obtener la ciudadanía y la nacionalidad, con el objeto de establecerse allí y ejercer sus derechos como ciudadanos.

No hay muchos nativos en Estados Unidos; tan solo existe un pequeño número de indios. La mayoría de los estadounidenses vienen de Europa, Asia, África, etc.; uno es de origen italiano, otro de ancestros filipinos, otro de linaje germano, etc. Así, Estados Unidos es una nación multiétnica. Por esta razón es llamado el país de los inmigrantes.

El hombre que obtiene la ciudadanía estadounidense es envidiado por todos los inmigrantes de las naciones del mundo. Muchísimas personas están tratando de inmigrar a Estados Unidos, donde abundan los inmigrantes ilegales. Anhelando con ansias obtener la ciudadanía en ese país, soportan toda clase de prejuicios raciales; porque para ellos, el deseo más grande es obtener la ciudadanía estadounidense.

¿Pero qué pasaría si vieran el mundo espiritual con ojos espirituales? No seguirían pensando igual, ¿no es cierto? Nuestra ciudadanía es mucho más valiosa, porque es del cielo.

Fil. 3:17-21 『Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.』

Nosotros hemos obtenido la ciudadanía celestial. Dios nos ha hecho saber que solo aquellos cuya ciudadanía estuviere en los cielos, podrán ser semejantes al cuerpo de la gloria de Cristo. Si aquel que obtiene la ciudadanía en un país, es envidiado por todos, ¡cuánto más seremos envidiados los que hemos obtenido la gran ciudadanía en los cielos!

Cuando Jesús vino a esta tierra y las criaturas se burlaron de él y lo persiguieron, no le dio la más mínima importancia a esto, pues esperaba una patria espiritual.

Jn. 18:33-37 『Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. […] Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.』

A través de estas palabras, podemos comprender cuál es la voluntad de Cristo. Podemos definir la voluntad que Jesús nos mostró, como sigue: "Mi reino no es de este mundo, que es como una gota de agua en un balde, y como polvo sobre una balanza. Mi reino no es un país terrenal que se desvanece, sino el eterno reino de los cielos".

La ciudadanía terrenal no es valiosa para nosotros. Enorgullezcámonos de nuestra ciudadanía celestial. Si la gente hace muchos esfuerzos para lograr la ciudadanía estadounidense en esta tierra que es como polvo, ¿cuánto más tendremos nosotros que esforzarnos por el reino de los cielos? No debemos descuidar las cosas celestiales, aunque sean invisibles.


La ciudadanía celestial para los que hacen la voluntad del Padre

En el mundo eterno, lo más valioso es la ciudadanía celestial. Miles de personas han obtenido la ciudadanía estadounidense; pero nosotros nunca la cambiaríamos por nuestra ciudadanía celestial. Los seres espirituales del universo nos envidian. Dios nos hace conocer la manera de obtener la ciudadanía del cielo.

Mt. 7:21-23 『No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.』

Solo los que poseen la ciudadanía celestial pueden entrar en el reino de los cielos, y nadie puede entrar con la ciudadanía del infierno. Entonces, ¿quiénes pueden obtener la ciudadanía celestial? Los que hacen la voluntad del Padre celestial. La Biblia nos muestra claramente la manera de obtenerla, y los motivos de un rechazo.

Los que obtienen la ciudadanía estadounidense pueden viajar libremente dentro y fuera del país; ¿pero qué pasa con los que no la tienen? Los oficiales de migraciones los inspeccionan, preguntándoles por qué visitan el país y cuánto tiempo permanecerán en él; y luego de la inspección, les permiten el ingreso al país.

Podemos ver la misma situación en Mt. 7:21-23: solo los que hacen la voluntad del Padre serán admitidos en el cielo, pues Dios les concede la ciudadanía celestial solo a ellos. Sin ella, nadie puede entrar en el reino de los cielos.

La ciudadanía de un país se da solo a través del sistema de admisión de ese país. En el caso de Estados Unidos, esta se obtiene después de pasar por un examen con preguntas como: "¿Quién fue el primer presidente de los Estados Unidos de América?", o: "¿Cuándo estalló la Guerra Civil?" El examen es tomado por estadounidenses que hacen preguntas sobre los puntos más saltantes de la historia norteamericana, y los postulantes deben contestar en inglés. Solo después de aprobar el examen, los postulantes pueden obtener la ciudadanía estadounidense.

Asimismo, debemos ser admitidos por Dios para obtener la ciudadanía celestial, de modo que sintamos confianza en que la obtendremos. Los que hacen la voluntad del Padre pueden entrar en el reino de los cielos, porque Dios les ha dado solo a ellos la ciudadanía celestial.

Jn. 8:45-47 『El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.』

El que es de Dios, ha de oír sus palabras. Sin embargo, aunque Dios claramente nos manda guardar el día de reposo, algunos guardan el domingo; y aunque nos manda celebrar la pascua, algunos insisten en celebrar la Navidad. Esta es una expresión de su firme decisión de no oír las palabras de Dios. "Por esto no oyen ustedes mis palabras, porque no son míos." ¡Qué terrible palabra! Mediante ella, Dios nos muestra la forma de hacer diferencia entre los que pueden obtener la ciudadanía celestial y los que no.


La ciudadanía celestial es dada al pueblo de Sion, la ciudad de las fiestas solemnes de Dios

Ahora, necesitamos averiguar dónde reina Dios, nuestro Rey, para que sepamos dónde estamos ahora y quiénes obtendrán la ciudadanía celestial.

Is. 33:20-22 『Mira a Sion, ciudad de nuestras fiestas solemnes; tus ojos verán a Jerusalén, morada de quietud, tienda que no será desarmada […]. Porque ciertamente allí será Jehová para con nosotros fuerte, […] Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey; él mismo nos salvará.』

En los versículos anteriores, Dios salvará a quienes celebran las fiestas solemnes en Sion, y él es su Rey. Si Dios es el Rey de Sion, la ciudad de las fiestas solemnes, nosotros, el pueblo de Sion que guarda las fiestas solemnes, hemos obtenido la ciudadanía celestial.

Is. 51:15-16 『Porque yo Jehová, que agito el mar y hago rugir sus ondas, soy tu Dios, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos. Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, extendiendo los cielos y echando los cimientos de la tierra, y diciendo a Sion: Pueblo mío eres tú.』

Los que moran en Sion han obtenido la ciudadanía celestial, aunque viven en este mundo de pecado. Debemos estar orgullosos de haber obtenido la ciudadanía celestial, a pesar de haber sido arrojados a este pequeño planeta llamado Tierra.

Los que poseen la ciudadanía celestial deben oír las palabras de Dios. Ahora, veamos si nosotros estamos obedeciéndolas como poseedores de dicha ciudadanía.

Éx. 20:8 『Acuérdate del día de reposo para santificarlo.』

Primero, aquellos cuya ciudadanía está en los cielos, deben guardar el día de reposo. Sin embargo, hay muchos que no lo guardan, lo cual muestra que no poseen la ciudadanía celestial. Cuando estén ante Jesús en el último día, le pedirán que los deje entrar en el cielo, diciendo: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre ayudamos a los pobres?" Jesús, sin embargo, les declarará: "Nunca los conocí".

"¿Tienen ustedes la ciudadanía celestial? ¿Saben por qué no se la concedí? ¿Alguna vez se acordaron del día de reposo para santificarlo?" Si Dios les preguntare estas cosas, ¿qué responderán?

Dios dice: "Mis ovejas oyen mi voz" (Jn. 10:27). Luego, ¿podrán obtener la ciudadanía celestial los que no obedecen siquiera la palabra "acuérdate del día de reposo para santificarlo"? Por esta razón, Jesús les declarará: "Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad".

Segundo, como ciudadanos celestiales, debemos celebrar la pascua.

Lc. 22:14-20 『Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.』

La Biblia nos enseña que el perdón de nuestros pecados lo podemos obtener solamente guardando la pascua. Dios ha establecido la pascua para la remisión de los pecados de muchos; y Jesús dijo que la pascua es para nosotros. Celebrar la pascua es un requisito para obtener la ciudadanía celestial.

Si un individuo comete un crimen, pierde sus derechos como ciudadano y recibe un castigo de acuerdo al código penal de su país. Este es nuestro caso. Nosotros cometimos un pecado imperdonable en el cielo, y fuimos arrojados a la tierra. En otras palabras, perdimos la ciudadanía celestial, y con ella todos nuestros reconocimientos y derechos como pueblo del cielo.

No obstante, Cristo vino a esta tierra y derramó su sangre para redimirnos del pecado. Él abrió, a través de la pascua, el camino del perdón para los pecadores sentenciados a muerte. Esta es la razón por la que hemos tenido que volver a obtener la ciudadanía celestial.

La Biblia dice: "Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo" (1 Ts. 5:16-18). Cuando nos debilitamos en la fe, no podemos estar gozosos ni dar gracias, ni entender por qué Dios nos ha dicho estas cosas. Pero pensemos en nuestra ciudadanía celestial. Cristo murió por nosotros, para que pudiéramos conseguir el perdón de pecados y la ciudadanía celestial. ¡Qué alegre y graciosa noticia! Lo que sufrimos no tiene importancia, pues no puede compararse con el eterno castigo del infierno. Dios nos ha concedido a los pecadores, la ciudadanía del cielo; por eso, en cualquier dificultad que tengamos, estaremos gozosos y agradecidos.

Aquí hay una condición más para obtener la ciudadanía celestial: conocer el nombre de Dios y celebrar sus fiestas, tales como el día de reposo y la pascua. Para conseguir la ciudadanía estadounidense, es necesario conocer el nombre del presidente; ¡cuánto más tendremos que saber nosotros el nombre de Dios para que se nos conceda la ciudadanía del cielo! ¿Podremos obtenerla sin saber el nombre de Dios? Él dijo: "Mi pueblo sabrá mi nombre" (Is. 52:6).

Podremos alcanzar la ciudadanía celestial cuando vivamos siempre en Sion, conozcamos a Dios y obedezcamos todo lo que nos ha mandado. Tenemos la ciudadanía celestial otorgada por Dios; enorgullezcámonos de ella. Él nos ha dado la pascua y ha dado a conocer el nombre del Salvador; y ha dicho claramente a Sion: "Pueblo mío eres tú".

Lo que tenemos que hacer ahora es dar a conocer a todas las naciones la manera de obtener la ciudadanía celestial, pues los hombres no la conocen.

Cuando fui por primera vez a Estados Unidos para la obra del evangelio, no sabía qué hacer; entonces algunas personas me tendieron la mano, tratando de ayudarme. Yo me sentí muy agradecido por su ayuda. Si las personas expresan su gratitud incluso al que las ayuda a saber algo que ignoran, ¿cuánto más agradecidas estarán con el que las ayude a saber la manera de obtener la eterna ciudadanía celestial? En el cielo, le estarán agradecidas por siempre.

El poder de la ciudadanía celestial se revelará cuando volvamos al glorioso reino de los cielos. Cuando muchos estén suplicando a Dios ante la puerta del cielo que los deje entrar, Jesús les dirá: "Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad". Pero toda nuestra familia de Sion entrará segura por la puerta del cielo; pues el cielo es nuestro país y nuestro hogar, y nadie puede detenernos.

Dando gracias a Dios, quien nos ha dado esta bendición tan grande, ayudemos a tanta gente que está anhelando la ciudadanía celestial. Prediquemos el evangelio diligentemente de oriente a occidente. Espero que todos nuestros hermanos y hermanas de Sion lleven muchos frutos por la gracia y el amor de Dios.