한국어 English 日本語 中文 Deutsch हिन्दी Tiếng Việt Português Русский Iniciar sesiónUnirse

Iniciar sesión

¡Bienvenidos!

Gracias por visitar la página web de la Iglesia de Dios Sociedad Misionera Mundial.

Puede entrar para acceder al Área Exclusiva para Miembros de la página web.
Iniciar sesión
ID
Password

¿Olvidó su contraseña? / Unirse

Ninguna parte de los sermones en texto puede ser imprimida o difundida. Por favor, grabe en su corazón lo que ha entendido, para compartir la fragancia de Sion.

La salvación del mundo depende de Dios

Dios ha guiado la obra de nuestra salvación tomando la delantera del evangelio. Con la ayuda del Padre y la Madre, que siempre nos guían en silencio y dan todo el crédito a sus hijos, la historia del Antiguo y el Nuevo Testamentos y las profecías de esta época se han cumplido. Hubo muchas ocasiones en el pasado en que desobedecimos la voluntad de Dios. No obstante, nuestro Padre y nuestra Madre celestiales no nos han dado la espalda, sino que han esperado pacientemente que todos nos arrepintamos, y así nos han guiado al eterno hogar celestial. Por esto damos gracias y gloria otra vez a nuestro Padre y Madre celestiales.

Detrás del movimiento del mundo y la operación del universo siempre estuvo Dios. Existe el Dios que trabaja en oculto. Si el poder de Dios no operara, la rotación y traslación de la tierra se detendría y el universo entero dejaría de operar en un instante. Incluso en las cosas que tratamos ligeramente y no apreciamos, podemos ver la obra del Padre y de la Madre. Teniendo muy en cuenta esto, nosotros, que somos el pueblo de Sion, debemos dar gracias siempre y correr la carrera de la fe sin agotarnos, hasta alcanzar el reino de los cielos.

Dios ayuda al pueblo de Sion

Dios ayudó a Moisés a guiar a los israelitas, y ayudó a Pedro a guiar a la iglesia primitiva, para que no se rindieran a Satanás. El Dios que los ayudó, nos ha guiado hasta hoy, y nos ayuda aun en este mismo momento. Confirmemos esto mediante las enseñanzas y testimonios bíblicos.

Is. 41:10-12 『No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.』

Is. 43:1-3 『[…] No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; […]』

Dios dijo que él estaría con nosotros. Todos los hombres somos débiles e imperfectos, pero Dios es poderoso. El mismo Dios Todopoderoso dijo: "Siempre te ayudaré, siempre te sustentaré".

A veces podríamos enfrentar situaciones intimidantes en la batalla espiritual, y encontrarnos en un dilema sin saber cómo superar la situación. Sin embargo, cualquier oponente espiritual u obstáculo a nuestro alrededor será como nada.

Is. 51:6-7, 11 『[…] los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera perecerán sus moradores; pero mi salvación será para siempre, mi justicia no perecerá. Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus ultrajes. […] Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán.』

Dios dice a los que tienen su ley en su corazón, a los que regresan a Sion: "Pueblo mío eres tú" (Is. 51:16). Dios mora en Sion, donde se celebran las fiestas solemnes, y consuela al pueblo en cuyo corazón está su ley.

Is. 52:6-8 『Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre […]. ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina! ¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que Jehová vuelve a traer a Sion.』

El pueblo de Dios sabe el nombre de Dios. Ellos saben cuál es el nombre del Padre, y el del Hijo, y el del Espíritu Santo, que han trabajado en la época del Padre, y en la del Hijo, y en la del Espíritu Santo, respectivamente. Ellos también saben el nombre de la nueva Jerusalén, la Esposa del Espíritu. Dios dice a ese pueblo de Sion que no teman, porque él los ayudará en cualquier situación difícil. Con la ayuda invisible de Dios, existimos hoy, y experimentamos momentos de victoria espiritual, guiando muchas almas a los brazos del Padre y la Madre.

Dios guía la batalla y su victoria

En la historia de la Biblia, podemos entender que, cuando Dios ayudaba a su pueblo, ellos podían cumplir cosas milagrosas más allá de las expectativas humanas. Hace unos 3.500 años, los israelitas pudieron derrotar completamente a sus enemigos con la ayuda de Dios. A través de su historia, confirmemos el hecho de que Dios siempre ayuda a su pueblo y les abre el camino a la victoria.

Éx. 17:8-16 『Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec […]; y Aarón y Hur sostenían sus manos, […] así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada. Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo. Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi; y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.』

Josué fue a la batalla como Moisés le dijo, pero no fueron Moisés ni Josué quienes guiaron a los israelitas a la victoria en la batalla contra los amalecitas, sino que Dios mismo peleó la batalla y los ayudó a vencer. Dado que Dios guió la batalla a la victoria, está escrito: "Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación".

Cuando cayó la ciudad de Jericó, no fue Josué quien destruyó los muros de Jericó, sino Dios. La gente recuerda fácilmente el nombre de Moisés y Josué, pero muchas veces olvidan la existencia de Dios, quien les dio fuerzas y lo hizo todo en oculto, para guiarlos a la gloriosa victoria. Debemos concentrarnos no solo en las historias de los héroes bíblicos, sino pensar en quién les dio tanta fuerza para llegar a ser héroes.

Así como los israelitas pudieron conquistar Canaán con la ayuda de Dios, del mismo modo nosotros podemos entrar en la Canaán espiritual, el reino de los cielos, porque Dios nos ayuda. Y de la manera que Dios ayudó a su pueblo en la época del Padre y del Hijo, así también en esta época, Dios ayuda a los que habitan en Sion, los que predican las buenas nuevas del evangelio.

Dios hizo llover maná en el desierto

La gente presta atención a los frutos bien maduros que cuelgan de los árboles de una huerta, pero casi nunca consideran las manos diligentes de los campesinos que pusieron fertilizante, podaron los árboles, protegieron los capullos de la escarcha, envolvieron cada fruto para protegerlos de los insectos, etc. Nada en el mundo se obtiene sin esfuerzo.

Ahora, pensemos en cuántos esfuerzos y aflicciones le costaron a Dios en el mundo espiritual invisible, para guiar a su pueblo durante el viaje de 40 años en el desierto.

Éx. 16:4-8 『Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. […] Dijo también Moisés: Jehová os dará en la tarde carne para comer, y en la mañana pan hasta saciaros; porque Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él; […]』

Dios proveyó comida para los israelitas en el desierto, donde no podían encontrar nada qué comer. Se ha estimado que para ese entonces, la población de los israelitas llegaba a 600 mil hombres sobre los 20 años, más sus esposas e hijos sumaban un total aproximado de tres millones de personas. Aunque eran un pueblo tan grande, Dios no permitió que pasaran hambre ni un solo día, durante los 40 años de su viaje en el desierto. Él los ayudó en cualquier circunstancia, guiándolos con cuidado por el horrible desierto y llevándolos a la tierra de Canaán que fluye leche y miel.

No obstante, a los israelitas les preocupaba solo sus propios sufrimientos, y no pensaron cuánto había trabajado Dios para alimentarlos todos los días, aunque les había mostrado su milagroso poder haciendo llover pan del cielo cada día y haciendo salir agua de la roca para saciar su sed.

Ahora, debemos pensar en todo el trabajo y sufrimiento en silencio que nuestro Padre y nuestra Madre hacen por nosotros, y tenemos que darles gracias y hacer nuestro máximo esfuerzo por guiar muchas almas a la salvación.

Dios administra y cumple la obra del evangelio

Si miramos un árbol, vemos que tiene ramas, hojas, flores y frutos. Pero todas estas cosas son simplemente objetos visibles auxiliares del árbol, no son partes principales controladoras. La gente mira las bellas flores y el sabroso fruto que cuelga de cada rama, pero a veces cometen la necedad de no mirar el árbol entero.

La esencia de la salvación es Dios. Cuando llevemos mucho buen fruto mediante la obra de la salvación, comprenderemos quién nos da el fruto. En otras palabras, debemos entender profundamente que no soy "yo" quien lleva fruto, sino que Dios permite a esta rama llevar fruto; y tenemos que glorificar y alabar a Dios. Si lo hacemos así, el evangelio será predicado más rápido en Samaria y hasta los fines de la tierra.

Is. 14:24-27 『Jehová de los ejércitos juró diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado […]. Este es el consejo que está acordado sobre toda la tierra, y esta, la mano extendida sobre todas las naciones. Porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su mano extendida, ¿quién la hará retroceder?』

La gran tarea de salvar al mundo es la obra que Dios mismo lleva a cabo. Por eso, es nuestro deber ser agradecidos con Dios por darnos la oportunidad de participar en su obra y de prepararnos para ser dignos de ser usados por Dios como vasos limpios (2 Ti. 2:21).

Los que dicen ser sabios e inteligentes, confían menos en Dios. Ellos tratan de llevar a cabo la obra del evangelio con sus propias habilidades, obteniendo resultados decepcionantes. Por el contrario, los que comprenden su debilidad y piensan que nada puede cumplirse sin la ayuda de Dios, piden seriamente a Dios que los ayude en toda circunstancia, y llevan mucho fruto.

Necesitamos confianza y valor, pero no debemos olvidar que es Dios quien lo cumple todo. La gran obra del evangelio podrá cumplirse cuando seamos reforzados por Dios Todopoderoso y vayamos a los fines de la tierra a salvar al mundo. Por esta razón, el apóstol Pablo confiaba cada día solamente en Dios, diciendo que había sido crucificado con Cristo, y que solo Cristo vivía en él.

Todos los propósitos de Dios tendrán lugar, y nos darán bendición. Creyendo en esto, debemos confiar solo en Dios en todo momento de nuestra vida y obedecer voluntariamente la palabra de Dios con fe. Entonces podremos guiar a todas las personas del mundo al arrepentimiento de sus pecados. Cuando Dios está con nosotros, preparando a la gente para que reciba su palabra al suavizar sus corazones duros como piedra, y luego el evangelio es predicado, la semilla del evangelio puede echar raíces y llevar fruto.

Pr. 16:1-3 『Del hombre son las disposiciones del corazón; mas de Jehová es la respuesta de la lengua. […] Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados.』

Ciertamente Dios cumple todo lo que se ha propuesto. Cuando nos comprometamos a realizar la misión mundial para Dios, ciertamente se realizará. Si tratamos de hacerlo con nuestras propias habilidades, en lugar de apoyarnos en Dios, la obra de la salvación planeada por él no podrá lograr buenos resultados. Por lo tanto, necesitamos orar. Con la ayuda del Padre y de la Madre, acompañada de nuestras sinceras oraciones, el plan de Dios para la salvación se realizará sin falta.

Dios nos guiará eternamente

Nosotros necesitamos a Dios. Confiando en Dios, quien siempre nos libra del pecado y nos guía, podemos acompañarlo en el grandioso viaje de salvar al mundo.

Sal. 48:8-14 『Conforme a tu nombre, oh Dios, así es tu loor hasta los fines de la tierra; de justicia está llena tu diestra. […] Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; él nos guiará aun más allá de la muerte.』

Dios es nuestro Dios eternamente y para siempre. El Dios que estuvo con Moisés y con Josué, está hoy con nosotros y siempre nos guía. El Dios que ayudó al apóstol Pablo, Pedro y todos los santos de la iglesia primitiva, nos ayuda en esta época.

Sal. 23:1-6 『Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo […]. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días.』

Las ovejas son indefensas, pero pueden escapar de todos los peligros con la ayuda de su pastor. El pastor es el único en quien las ovejas pueden confiar. Dios es nuestro Pastor.

Dado que Dios nos ayuda, el movimiento del Espíritu Santo se está levantando activamente en todo el mundo y el evangelio se está expandiendo rápidamente. Si todavía hay alguien que obstaculiza el movimiento del Espíritu Santo, ese soy "yo mismo". La obra del evangelio no se logra porque "yo voy", o "yo hago", sino que se logra solo cuando Dios está con nosotros.

El mundo espera a aquellos con los que Dios está. Dios permite que las personas que siempre lo recuerdan y contemplan su voluntad, sean testigos de la maravillosa obra del Espíritu Santo. Dios nos prometió que estaría con nosotros hasta el fin del mundo. Debemos acompañar a Dios Elohim, nuestro Padre y nuestra Madre celestiales, e ir a todas las naciones del mundo llevándoles las buenas nuevas, como Dios lo ha propuesto. Tengamos a Dios en el centro de nuestros corazones y prediquemos el evangelio, para llevar abundantes frutos llenos de gracia en todo el mundo.