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Ninguna parte de los sermones en texto puede ser imprimida o difundida. Por favor, grabe en su corazón lo que ha entendido, para compartir la fragancia de Sion.

La primogenitura y el privilegio

En esta estación del otoño espiritual, nuestros hermanos y hermanas de Sion cultivan diligentemente los campos del evangelio, y sus esfuerzos están produciendo abundantes frutos. Gracias y gloria sean a Dios Elohim, quien nos bendice con abundantes buenos frutos de acuerdo a las profecías.

Creo que todos los miembros están predicando el nuevo pacto con el espíritu de adopción, y no con el espíritu de esclavitud, y que Dios ve nuestros corazones y nos permite llenar Sion con buenos frutos que ha preparado antes de la creación del mundo. No somos esclavos, sino los primogénitos del cielo, para quienes está preparada la herencia celestial y toda clase de bendiciones espirituales. Esta vez, consideremos el valor de la primogenitura celestial y el privilegio que se nos ha dado.


Esaú y Jacob

Esaú y Jacob, los gemelos que les nacieron a Isaac y Rebeca, tenían puntos de vista totalmente diferentes acerca de la primogenitura. Esaú, que había recibido el derecho del primogénito por nacimiento, no comprendió qué gran privilegio era su primogenitura, y la vendió por un plato de guiso de lentejas para satisfacer su hambre temporal. Pero Jacob, su hermano menor, siempre anhelaba la bendición del primogénito, buscando una oportunidad de obtenerla.

Gn. 25:27-34 『[…] y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas. Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob. Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.』

Esaú menospreció su primogenitura y encontró placer solo en la caza. Él amaba cazar y frecuentemente servía a su padre lo que cazaba. No obstante, esto no era nada, tan solo un producto obtenido de la obra que hacía para su propio placer. Por el contrario, Jacob siempre estaba entre las tiendas y ayudaba a su madre. Ya que atendía los trabajos de la casa como hermano mayor y ayudaba a su madre en su trabajo, ella recordó las palabras de Dios: "El mayor servirá al menor", y ayudó a su hijo Jacob a obtener la bendición del primogénito.

El que no conoce el valor de la primogenitura, no le importa si la pierde o no; pero después que se revela su valor, comienza a arrepentirse.

Gn. 27:30-38 『Y aconteció, luego que Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano volvió de cazar. […] Y se estremeció Isaac grandemente, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio, y comí de todo antes que tú vinieses? Yo le bendije, y será bendito. Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío. […] ¿No has guardado bendición para mí? […] ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró.』

Esaú comprendió muy tarde el valor de la bendición. Cuando recibió la oportunidad de obtener todas las bendiciones, las despreció, y después que las bendiciones pasaron a otra persona, alzó la voz y lloró, crujiendo los dientes. Después de perder su primogenitura, Esaú pidió a su padre que lo bendijera con alguna otra bendición, llorando amargamente. Desafortunadamente, su padre no tenía más bendiciones para darle.

Esaú menospreció su primogenitura, sin saber la gran bendición que era. Como resultado, no pudo recibir ninguna bendición. Ninguna bendición se da fácilmente; se da solo a la persona que comprende su valor y lucha por conseguirla. Jacob entendió el valor de la bendición y no la dejó ir, a pesar del dolor que le producía haberse descoyuntado su muslo (Gn. 32:24-30).


Los 144 mil que han recibido la primogenitura de los primogénitos del cielo

Toda profecía de la Biblia se ha escrito para nosotros, los hijos de Dios que vivimos ahora (Ro. 15:4). A través de la historia del Antiguo Testamento como una sombra, Dios nos enseña a los 144 mil, las primicias del Nuevo Testamento, qué clase de fe debemos poseer.

Ap. 14:1-4 『Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. […] Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra. Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero;』

Los 144 mil son primicias, redimidos de entre los hombres, y son los primogénitos del cielo. Dios nos ha dado la bendición de la primogenitura. Ninguno de nosotros debe descuidarla.

La primogenitura celestial que Dios nos ha dado, nos proporciona muchos privilegios: el privilegio de adorar a Dios en el día de reposo, el privilegio de celebrar la pascua, y mucho más. Adorar a Dios sinceramente, ofrecer el diezmo según el orden de Melquisedec, luchar por salvar almas, estudiar diligentemente la palabra de Dios, etc.; hacer estas cosas es ejercer los privilegios de nuestra primogenitura. En un feriado nacional, no a todos se les permite entrar en la ceremonia conmemorativa, sino solo a algunos invitados especiales que han sido invitados con antelación. Igualmente, hay seis mil millones de personas en el mundo, pero solo nosotros, el pueblo de Sion, hemos recibido el privilegio de adorar a Dios en las fiestas solemnes como el día de reposo y la pascua.

Ofrecer el diezmo según el orden de Melquisedec es un privilegio dado solo a nosotros, los primogénitos del cielo, y es también nuestro privilegio alabar el nombre nuevo con un cántico nuevo, y cantar alabanzas a la gloria de la nueva Jerusalén.

Dios nos ha dado las leyes y reglas mediante las cuales podemos disfrutar de nuestros privilegios como primicias del cielo. Él ha escondido todas estas cosas de la gente del mundo, y nos las ha revelado solo a nosotros, porque son las bendiciones y privilegios que solo los primogénitos del cielo pueden ejercer.

Todas las leyes son dones especiales de Dios, y es un privilegio guardarlas. Sin embargo, si alguno no comprende qué bendiciones le serán dadas cuando ponga en práctica las leyes, no es diferente de Esaú que siempre estaba cazando para su propio placer. Si no tenemos mucho cuidado del privilegio de nuestra primogenitura y no la ejercitamos, nuestros lugares serán ocupados por los que se esfuercen por obtenerla. No debemos menospreciar ninguna cosa dada por Dios, a fin de no arrepentirnos cuando llegue el eterno reino de Dios, entendiendo muy tarde que todo lo que nos ha sido dado es un privilegio.


El privilegio de salvar almas, confiado a los primogénitos del cielo

El mayor privilegio que Dios ha dado a los primogénitos del cielo, es salvar almas. Por eso Jesús en su primera venida concedió el privilegio de la predicación a los primogénitos del cielo, justo antes de ascender al cielo.

Mt. 28:18-20 『Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.』

Vivimos en los tiempos proféticos en que haremos discípulos a todas las naciones y los bautizaremos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, como Jesús nos ha dicho. Según su mandamiento, el pueblo de Dios ahora está predicando el evangelio no solo en Corea sino también en cada lugar del mundo. Ellos están ejerciendo el privilegio dado a los primogénitos del cielo.

Ya que es nuestro propio privilegio, no debemos descuidarlo. El privilegio de predicar el nombre nuevo y el nombre de la nueva Jerusalén es dado solo a nosotros, los primogénitos del cielo, entre seis mil millones de personas en el mundo. Aunque tenemos el mayor privilegio, si no conocemos su valor ni lo ejercemos, es como si lo estuviéramos abandonando.

Asegurándonos de que la predicación es el privilegio concedido solo a los hijos del cielo, entendamos completamente el valor de la primogenitura que se nos ha dado y ejerzamos graciosamente nuestros privilegios, como Jacob.

1 Ts. 2:1-4 『Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño, sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones.』

Dios ha confiado a los primogénitos del cielo, a quienes ha aprobado, la obra de la predicación del evangelio. Solo a sus amados hijos, Dios ha dado este mandamiento: prediquen la gloria de Jerusalén al mundo entero, y den a conocer a la gente los privilegios de la primogenitura dada solo a los hijos del cielo.

Dios dejó su vida para salvarnos a los que estábamos destinados a la muerte. ¡Cuánto nos ama! A veces pone a sus preciosos hijos bajo el sol abrasador, y a veces los guía a tierras desiertas y secas, para bendecirlos al final (Dt. 8:15-16). Grabando esto en el corazón, nosotros, los hijos de Sion, debemos valorar nuestros privilegios dados por Dios y ejercerlos.


Bendiciones eternas para los primogénitos del cielo

Dios ha confiado el evangelio del reino a los que él aprueba. Averigüemos qué bendiciones les dará el evangelio, a través del libro de Daniel.

Dn. 12:1-3 『[…] pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.』

Es muy grande la gloria de los que enseñan la justicia a la multitud. Predicar el evangelio del nuevo pacto es un privilegio dado solo a nosotros, que aun los ángeles envidian (1 P. 1:12). Nunca perdamos este precioso privilegio.

La mayoría de las personas que viven hoy, están ansiosas de ejercitarse, sin importar el sexo o la edad. La predicación es un ejercicio espiritual. Dios nos ha confiado la obra de la predicación del evangelio, para que podamos ser más fuertes y bendecidos espiritualmente. Comprendiendo esto, el apóstol Pablo dedicó toda su vida a la predicación, enfatizando siempre la misión de un evangelista.

2 Ti. 4:1-8 『Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo […]. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio. […] He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.』

Pablo nos pide que prediquemos la palabra, instando a tiempo y fuera de tiempo, no gastando el tiempo en las cosas vanas. Cuando hagamos esto, no terminaremos arrepintiéndonos, y Dios nos concederá la corona de justicia a todos los que hayamos guardado la fe.

Generalmente, una corona es llevada por un rey. Dios dijo que a su pueblo que guarde la fe en medio de todo tipo de aflicciones y dificultades, los haría sacerdotes reales del cielo y les pondría la corona de justicia.

La predicación es el primer y mayor de todos los privilegios dado a nosotros, los primogénitos del cielo. No debemos considerar este privilegio como una carga o una tarea obligatoria. Solo los que ejerzan sus privilegios con gozo, como los primogénitos del cielo, podrán ser el sacerdocio real del cielo y disfrutar de la gloria eternamente, sirviendo al Padre y a la Madre celestiales, el Rey de reyes y Señor de señores.


"Os haré pescadores de hombres"

En Apocalipsis 22:17, podemos ver a nuestro Padre y nuestra Madre aparecer como el Espíritu y la Esposa y predicar, diciendo: "Vengan. El que tiene sed, venga". La predicación es una bendición muy grande, por eso nuestro Padre y nuestra Madre han descendido a esta tierra, y nos han dado ejemplo de predicar.

Ahora, vayamos a todo el mundo y hagamos que todas las naciones oigan la voz del Espíritu y la Esposa: "Vengan". Como resultado, muchas almas escucharán la voz y estudiarán las palabras de la verdad, inundándose de lágrimas de gratitud. Estas alegres nuevas llegan a Jerusalén día a día.

Los que acaban de recibir la primogenitura están abrumados por el hecho de que han recibido las bendiciones que tanto han esperado. Nosotros, que hemos tenido la primogenitura durante mucho tiempo, debemos comprender plenamente su valor, ¿no es así? No necesitamos tambalear ni ser influenciados por los que están a nuestro alrededor. Esaú y Jacob eran hermanos gemelos, y vivían en la misma casa; pero Jacob no imitó el comportamiento de su hermano Esaú.

La salvación era de los judíos, pero Dios ahora ha abierto la puerta de la salvación para los gentiles (todas las personas), de modo que ahora hemos recibido la salvación. Aunque la bendición no nos pertenecía originalmente, nos hemos esforzado por adquirirla, por eso Dios ha abierto un camino para nosotros, por que avancemos hacia ella. No debemos descuidar nuestra primogenitura, ya que la hemos obtenido haciendo grandes esfuerzos, como Jacob.

Mt. 4:17-20 『Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron.』

He escuchado que nuestros hermanos de Sion que fueron al extranjero para ejercer su privilegio de la primogenitura, no podían contener las lágrimas cuando cantaban un cántico nuevo durante el culto junto con los frutos que habían llevado mediante la predicación, pensando en Pedro y los apóstoles. Hoy, nuestro Padre y nuestra Madre celestiales nos han llamado y nos han concedido el privilegio de los primogénitos. Los que no ejercen el privilegio no podrán ver cuántas emociones produce.

Participemos todos en la misión de la predicación (o apoyemos con oración si las circunstancias no lo permiten) en dondequiera que estemos, para que la voluntad de nuestro Padre y nuestra Madre sea proclamada rápidamente en Samaria y hasta lo último de la tierra. El Padre y la Madre nos han llamado y guiado, y nos han hecho lo que somos hoy. Sigámoslos hasta el final, al eterno reino de los cielos. Ya que Dios nos ha llamado como las primicias, debemos ser buenos ejemplos para todas las personas de la tierra y salvar al mundo entero, valorando los privilegios de nuestra primogenitura y ejerciéndolos completamente.