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Ninguna parte de los sermones en texto puede ser imprimida o difundida. Por favor, grabe en su corazón lo que ha entendido, para compartir la fragancia de Sion.

Dios ayuda

En la historia, no hay ningún gran hombre que haya conseguido un gran logro solo, sin la ayuda de otros. De igual manera, entre los antepasados de la fe que aparecen en la historia de la Biblia, ninguno de ellos llegó a ser grande por sí mismo sin la ayuda de alguien.

Podemos recibir ayuda de los hombres. Sin embargo, la mejor ayuda viene de Dios que creó todas las cosas del universo y las gobierna, liderando épocas e historias. La ayuda del hombre podría llevarnos al fracaso o a la destrucción. Pero la ayuda de Dios siempre nos lleva al éxito y a la salvación eterna. Nada falla si se hace con la ayuda de Dios.


Aquel a quien Dios ayuda es el más fuerte

Esto es lo que sucedió cuando se fundó la dinastía Han en China. Después de la gran unificación, el primer emperador Gaozu de la dinastía Han disfrutaba de un reinado pacífico. Un día, preguntó a su
gran general Han Xin, uno de sus devotos siervos.

—¿Cuántos soldados crees que puedo poner bajo mi mando?

—Creo que puede comandar a unos cien mil —dijo Han Xin.

—Entonces, ¿cuántos puedes comandar tú? —preguntó el emperador.

—Cuantos más, mejor.

El emperador se disgustó un poco, porque sentía que Han Xin se consideraba mejor que él. Pero volvió a preguntar a Han Xin:

—¿Por qué crees que yo puedo comandar solo a cien mil, y dices que tú puedes comandar a más? Entonces, ¿cómo puedes permanecer bajo mi mando?

Han Xin respondió seriamente:

—Yo soy simplemente un general que comanda soldados, y no importa cuántos comande. Pero usted es el emperador que comanda miles de generales como yo. Oh emperador, su ayuda viene del cielo. Nadie se iguala a usted en poder.

Lo que quería decir Han Xin era que, aunque un general tenga una excelente capacidad para comandar numerosos soldados, su poder no se puede comparar con el del emperador que recibe ayuda del cielo. Correcto. La persona a quien Dios ayuda es el más fuerte, y nunca falla en todo lo que hace.


Solo trescientos hombres derrotaron a ciento treinta y cinco mil con la ayuda de Dios

En la historia de Israel, podemos ver que muchas personas obtuvieron la victoria con la ayuda de Dios. Veamos el caso de Gedeón y sus trescientos hombres que obtuvieron la victoria ante más de ciento treinta y cinco mil madianitas durante el período de los jueces.

Jue. 7:19-23 『Llegaron, pues, Gedeón y los cien hombres que llevaba consigo, al extremo del campamento, al principio de la guardia de la medianoche, cuando acababan de renovar los centinelas; y tocaron las trompetas, y quebraron los cántaros que llevaban en sus manos. Y los tres escuadrones tocaron las trompetas, y quebrando los cántaros tomaron en la mano izquierda las teas, y en la derecha las trompetas con que tocaban, y gritaron: ¡Por la espada de Jehová y de Gedeón! Y se estuvieron firmes cada uno en su puesto en derredor del campamento; entonces todo el ejército echó a correr dando gritos y huyendo. Y los trescientos tocaban las trompetas; y Jehová puso la espada de cada uno contra su compañero en todo el campamento. […]』

En los días de Gedeón, Israel había estado bajo el dominio de los madianitas, habiendo perdido su soberanía. En ese momento, Gedeón recibió la misión de ir contra los ciento treinta y cinco mil soldados madianitas.

En un principio el número de soldados israelitas era treinta y dos mil. Pero Dios hizo que regresaran quienes temblaban de miedo, y dejó a diez mil. Entonces Dios le dijo a Gedeón: “Tienes demasiados soldados”, y le dijo cómo elegir entre ellos. Siguiendo la orden de Dios, Gedeón redujo el número de soldados; al final, solo quedaron trescientos hombres.

Con el sonido de la trompeta, trescientos soldados derrotaron a ciento treinta y cinco mil. ¿Creen que esto es posible en la realidad? Si no hubiera existido la ayuda de Dios, habría sido imposible. Sin embargo, todo esto fue posible porque Dios estuvo con ellos y les ayudó.

Al principio, Gedeón temía sin tener confianza. Él oró a Dios para que le mostrara la prueba de su ayuda. A través de varias evidencias, Gedeón quedó convencido de que Dios estaba ayudándole, y él y sus trescientos hombres pudieron derrotar completamente a un ejército muy grande de madianitas. No fue porque Gedeón destacara en las tácticas que obtuvo una gran victoria ese día, sino porque Dios estaba con él y lo ayudó.


Con la ayuda de Dios, David y Salomón se convirtieron en grandes reyes

David, con quien Dios estaba, enfrentó muchas crisis y dificultades, pero se convirtió en rey de Israel después de todo. Él comprendió que la ayuda de Dios lo hacía todo posible, y alabó a Dios.

Sal. 121:1-2 『Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.』

Varias veces David apenas pudo escapar de la muerte, cuando fue perseguido por el rey Saúl; él tuvo muchas experiencias amargas. Pero finalmente subió al trono de Israel y se convirtió en un buen pastor que guiaba a su pueblo a Dios. Él ganó todas las batallas, y su pueblo lo elogió: “Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles”.

Tenemos que prestar atención al hecho de que David pudo alcanzar el éxito en todo, en las batallas y en su reinado, gracias a la ayuda de Dios. En estos últimos días, el evangelio también puede cumplirse rápidamente cuando se trabaja con la ayuda de Dios, y no con nuestras propias habilidades y conocimiento. Aunque carecemos de poder, sabiduría y conocimiento, nunca fracasamos porque recibimos ayuda de Dios. Ya que Dios nos ayuda, se nos dará un nombre que está sobre todos los nombres de los hombres competentes del mundo.

Como David comprendió que podía cumplirlo todo no por sí mismo sino porque toda su ayuda venía de Dios, el Creador del cielo y de la tierra, también Salomón, hijo de David, comprendió que un gran poder invisible le había estado ayudando hasta que Israel se fundara sobre una base sólida y se convirtiera en una nación próspera. En los Salmos, Salomón escribió lo siguiente:

Sal. 127:1 『Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia.』

Esta palabra muestra que todos nuestros esfuerzos son en vano si Dios no nos ayuda. Salomón, conocido como el “rey sabio”, comprendió que si Dios no estaba con él como su ayudante, su casa o
ciudad o país no se establecería con firmeza.

Lo esencial es a quién ayuda Dios. No hay persona más grande que la que recibe la ayuda de Dios. Este mundo será administrado por los que son ayudados por Dios, y la obra de la última salvación se cumplirá por ellos.


Dios ayuda a los que obedecen sus mandamientos

Ahora, averigüemos a qué tipo de personas ayuda Dios. Dios incluso nos enseña cómo recibir su ayuda.

Dt. 28:1-14 『Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. […] Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti […]. Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas, y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles.』

Dios ayuda a los que siguen todos sus mandamientos, poniéndolos en práctica. Todo aquel que desee la ayuda de Dios debe obedecer a Dios y guardar fielmente todos sus mandamientos, como está escrito en Deuteronomio 28. Lo mismo hicieron todos los héroes bíblicos que recibieron la ayuda constante de Dios.


Dios ayudó a Judá que guardó la Pascua

En los días del rey Ezequías, cuando el ejército de Asiria invadió Judá, Dios ayudó a Judá que guardó la Pascua.

2 R. 19:31-35 『[…] Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. Por el mismo camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo. Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos.』

Cuando el ejército de Asiria estaba a punto de atacar a Jerusalén, Ezequías rey de Judá oró fervientemente a Dios. Entonces Dios escuchó su oración y le ayudó. El ejército asirio no disparó ni una flecha; incluso antes de una reñida batalla, ciento ochenta y cinco mil enemigos fueron completamente destruidos por el ejército celestial en una noche.

Aquí, debemos recordar que antes que el rey Ezequías recibiera la ayuda de Dios, obedeció el mandato de Dios y celebró la Pascua (ref. 2 Cr. 30). En ese momento, el rey Ezequías envió mensajeros incluso a las regiones de Israel en el norte, para que el pueblo viniera a celebrar la Pascua. Pero el pueblo de Israel despreció a los mensajeros y se burló de ellos. Tres años más tarde, Israel, que había ignorado la fiesta solemne de Dios y rechazado su mandamiento, fue sitiada por el
ejército asirio y finalmente cayó ante Asiria (2 R. 18:9-12).

Justo después de la destrucción de Israel, Asiria también atacó a Judá. En aquellos días, Judá era más pequeña y más débil que Israel. Sin embargo, la ayuda de Dios estuvo allí para Judá. No importó qué tan fuerte fuera el imperio asirio, pues fue imposible derrotar al reino que Dios ayudaba. Como está escrito en Deuteronomio 28, toda persona o nación que obedece los mandamientos de Dios será exaltada sobre todas las naciones de la tierra. Pero para el adversario de esa persona o nación solo hay una cosa: la destrucción.


Dios ayuda a los ciento cuarenta y cuatro mil

Estamos celebrando las fiestas solemnes de Dios en Sion, obedeciendo sus palabras y mandamientos. Así que no olvidemos que nosotros somos los que Dios ayuda. Confiando en Dios que sin falta nos dará el éxito y la victoria al final, llevemos a cabo la obra del evangelio.

Is. 41:10-14 『No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo. […] No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu Redentor.』

Dios dijo que nos ayudaría y que todos nuestros opositores regresarían y perecerían. Esta es la palabra inmutable de Dios que hemos recibido por medio del profeta Isaías hace dos mil setecientos
años. Dios está con todos los que siguen fielmente su voluntad, y les ayuda en todo.

Estamos en Sion, donde nos acompaña la ayuda y la gracia de Dios; nada es imposible para nosotros. Podemos atravesar dificultades, pero al final ganaremos. Sion está llena de personas a quienes Dios ayuda. ¿Fracasará la obra del evangelio? Por supuesto que no.

Debemos grabar en nuestro corazón que la persona a quien Dios ayuda es la más fuerte del mundo. Pero para obtener la ayuda de Dios, necesitamos orar. A través de la oración constante, tengamos la ayuda de Dios todo el tiempo, de modo que podamos cumplir fielmente la obra del evangelio que se nos ha confiado.


Poca dificultad y gran gloria

Una cosa más que debemos tener en mente es que Dios no siempre nos lleva por un camino llano, de modo que podamos convertirnos en su gran pueblo. Es por eso que con frecuencia enfrentamos tormentas y obstáculos en nuestra vida. Después de pasar por dificultades, llegamos a obtener la gloria y el honor que Dios ha preparado para nosotros. Este es el principio de Dios.

Dios ha prometido a nuestra familia de Sion la gloria celestial que disfrutaremos hasta el siglo, eternamente y para siempre. Y también nos ha dicho que padeceremos juntamente con Cristo, para que juntamente con Él seamos glorificados. Este evangelio se cumplirá sin falta, y ciertamente heredaremos el reino de los cielos. Sin embargo, hay algunas dificultades y padecimientos en nuestro camino. Con la ayuda constante de Dios, tenemos que soportar todas las dificultades.

Moisés, Josué, Gedeón, David, Salomón, Ezequías… La razón de que todas estas personas se hayan convertido en grandes personajes, fue que Dios les ayudó. Ahora, los ciento cuarenta y cuatro mil son más grandes que muchos otros héroes bíblicos. La razón es que reciben mucha más ayuda y gracia de Dios.

Dios nos ayuda cuando hacemos lo que le complace. Él siempre nos da fuerza y valor, diciendo: “Ciertamente yo te ayudaré. No temas, yo te ayudo”. Todos los que se oponen a la verdad perecerán finalmente, al igual que muchos países se han desvanecido en la historia. Pero la gloria del reino de Dios y de los ciento cuarenta y cuatro mil perdurará por siempre y para siempre. Pensando en el eterno reino de los cielos, todos seamos obedientes a los mandamientos de Dios, guardándolos y poniéndolos en práctica, para que todo el tiempo podamos recibir la ayuda de Dios.