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Ninguna parte de los sermones en texto puede ser imprimida o difundida. Por favor, grabe en su corazón lo que ha entendido, para compartir la fragancia de Sion.

Estén conscientes de Dios

Hemos sido liberados de este mundo pecador por medio del poder de la Pascua, y ahora estamos recorriendo el camino de la fe justo antes de entrar en la eterna Canaán celestial. Hasta entrar en el gozo y la gloria eternos, debemos atravesar dificultades y sufrimientos (Ro. 8:16-18). El pueblo de Israel, mientras estaba en su camino a la tierra prometida de Canaán, enfrentó muchas circunstancias y obstáculos desfavorables durante su viaje de cuarenta años a través del desierto después de salir de Egipto, la tierra de esclavitud. De igual manera, hay muchas dificultades en el camino que ahora estamos recorriendo.

Si solo miramos las circunstancias físicas que actualmente estamos enfrentando, no sabremos qué hacer y tendremos dificultades para encontrar la solución. Sin embargo, si estamos conscientes de Dios que siempre camina con nosotros, podremos superar todas las dificultades. Dios, que es el camino, la verdad y la vida, siempre está con nosotros en Sion, la ciudad de la verdad, y proporciona una solución para todo.


Miren arriba

Un hombre estaba encerrado en una caja de cristal. Él podía ver el exterior, pero cuando daba algunos pasos adelante, era bloqueado por la pared de vidrio transparente; también se chocaba contra la pared cuando se movía para atrás, o a la izquierda o a la derecha. En el momento en que se sintió completamente encerrado en la caja de vidrio, comenzó a desesperarse. Aunque hizo muchos intentos por encontrar una manera de salir de la caja para sobrevivir, no tenía idea de qué hacer.

Pasó muchos días desesperantes y de pronto un día se dio cuenta de que aún estaba con vida en la caja de cristal. Si hubiera estado encerrado en un contenedor de vidrio sellado, ya habría muerto. Pero aún estaba respirando. Cuando comprendió esto, empezó a pensar por dónde no había tratado de moverse. Entonces se dio cuenta de que había un lugar no explorado: era la parte superior. Él pensó naturalmente que la parte superior también estaba bloqueada, pero cuando se movió hacia arriba, no había pared.

Mientras recorremos el camino de la fe, a veces enfrentamos un problema o una situación que parece imposible de resolver. Si miramos a todos los lados, a la izquierda, a la derecha, adelante y atrás, aunque no podamos encontrar una manera o una solución, y nos sintamos frustrados al ser bloqueados por algo, todavía hay un lugar al que tenemos que mirar: es arriba. Aunque todos los lados estén bloqueados, la parte superior todavía está abierta. Si miramos arriba a Dios, todo se resolverá.

La gente trata de encontrar una manera, mirando solo a la derecha y a la izquierda, adelante y atrás, pero también está el lado superior. Necesitamos mirar la parte superior, en lugar de solo mirar las paredes que nos rodean y frustrarnos. Si miramos al cielo, nos encontraremos con la existencia de Dios que nos ayuda. Sin embargo, si miramos a la derecha, a la izquierda, adelante y atrás, en el mismo nivel que el ojo humano, parece ser que todas las paredes están bloqueadas. En nuestro camino de fe, no debemos olvidar que siempre hay un espacio abierto, aunque todas las partes estén bloqueadas.


Reportes conflictivos de los doce espías

La mayoría de los israelitas probaron a Dios y se quejaron contra Él en su viaje a Canaán, por lo que todos perecieron en el desierto. Los que fueron destruidos en ese tiempo fueron los que no miraron arriba a Dios, sino que miraron únicamente las circunstancias que los rodeaban.

En el segundo año después del Éxodo, Israel eligió un líder de cada una de las doce tribus y los enviaron a explorar la tierra de Canaán (Nm. 13:1-20). Cuando volvieron de reconocer la tierra al cabo de cuarenta días, reportaron a Moisés y a toda la asamblea. Hubo dos reportes contradictorios.

Nm. 13:25-14:10 『Y volvieron de reconocer la tierra al fin de cuarenta días. Y anduvieron y vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y dieron la información a ellos y a toda la congregación, […] Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; […] No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos. Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; […] Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto. […] Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis. Entonces toda la multitud habló de apedrearlos. Pero la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel.』

Diez de los doce espías, que habían sido seleccionados de entre seiscientos mil hombres, uno de cada tribu, dieron un reporte negativo cuando regresaron de explorar la tierra de Canaán. En realidad, no dieron un reporte falso. Como reportaron, ellos eran descendientes de Anac, una tribu de gigantes en la tierra de Canaán; y la ciudad de Jericó, habitada por ellos, era una ciudad fuertemente fortificada. Mientras los israelitas estaban exhaustos de viajar por el desierto, los habitantes de la tierra estaban entrenando a un poderoso ejército formado por soldados altos y fuertes, alimentándose con comida muy nutritiva. Por eso, no pudieron evitar pensar que era imposible derrotarlos.

Contrariamente a lo que ellos dijeron, Josué y Caleb clamaron: “Nosotros los comeremos como pan”, aunque parecía imposible. Para los israelitas, el reporte de los diez espías parecía realista y preciso, mientras que los dos hombres parecían soñadores. Sin embargo, Dios reconoció el reporte de Josué y Caleb.


Los que estaban conscientes de Dios y los que no

Nm. 14:11-30 『y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Yo los heriré de mortandad y los destruiré, y a ti te pondré sobre gente más grande y más fuerte que ellos. Pero Moisés respondió a Jehová: Lo oirán luego los egipcios, porque de en medio de ellos sacaste a este pueblo con tu poder; […] Por cuanto no pudo Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto. […] y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí. Entonces Jehová dijo: Yo lo he perdonado conforme a tu dicho. Mas […] me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá. […] En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí. Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun.』

Dios se enfureció con los que lo trataron con desprecio, con los diez espías que solo se refirieron a la situación de la tierra y no dijeron al pueblo el hecho de que Dios estaba con ellos en esa situación. Ellos solo miraron las barreras de su alrededor y no vieron que arriba estaba abierto. Era verdad que todos los lados estaban cerrados, pero también era verdad que la parte superior también estaba abierta. Sin embargo, no pudieron informar esto. Dios pronunció el juicio de que ninguno de los hijos de Israel que se habían quejado contra Dios, entraría en Canaán, la tierra que fluye leche y miel.

Solo Josué y Caleb informaron con precisión el hecho de que Dios estaba con ellos. La realidad de la tierra que los diez espías habían visto era totalmente diferente de lo que los dos hombres, Josué y Caleb, habían observado. Los diez solo hablaron de las barreras, pero Josué y Caleb hablaron del techo que estaba abierto.

A través de Moisés, Dios eligió a las personas más dignas de confianza con la fe más fuerte entre seiscientos mil hombres, pero solo dos de los doce hombres estuvieron conscientes de Dios. ¡Qué lamentable y desgarrador! Todos los que leen la Biblia pueden pensar que seguirán los pasos de Josué y Caleb. Sin embargo, si en realidad están confinados en una caja de vidrio, no les resulta fácil mirar arriba.

En esta época, se necesitan personas como Josué y Caleb. Los que hablan de la situación actual, pero no hablan de Dios que está con ellos en esa situación, no pueden ser como Josué y Caleb. Mientras más sombría y difícil sea nuestra situación actual y mientras más fuerte estemos encerrados en las paredes de cristal, más debemos mirar arriba, ¿verdad?


Los que no logran mirar arriba

No transcurrió mucho tiempo después que los israelitas vieron el gran poder de Dios mostrado contra los egipcios. Ellos también habían venido observando el milagro de Dios que hacía llover pan del cielo todos los días.

Cuando Dios hizo llover pan del cielo, solo había unas pocas personas que pudieron mirar arriba. Esto ocurrió exactamente un mes después que los israelitas salieron de Ramesés el día quince del mes primero. Como ya había transcurrido un mes, la comida que habían traído de Egipto casi se había agotado. Miraron a su alrededor pero no había nada que comer.

Éx. 16:1-5 『Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto. Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud. Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. […]』

Por otra parte, la tierra a la que los israelitas se dirigían no era fértil ni podía producir diversos cultivos o frutos para que pudieran comer, sino que era un desierto seco y árido. Podían llegar a Canaán en unos diez días si tomaban un atajo a través de Edom. Sin embargo, Dios los guio a un viaje largo por el desierto, y su destino estaba aún muy lejos, aunque avanzaban y avanzaban. Pensaban que todos morirían antes de llegar al destino. Entonces murmuraron contra Moisés y Aarón, diciendo que hubiera sido mejor para ellos quedarse en Egipto.

Dios también excluyó a estas personas. Los diez espías informaron a Moisés lo que realmente habían visto, y el pueblo, que se quejó contra Moisés y Aarón, porque no había comida, solo habló de las circunstancias en las que se encontraban. Sin embargo, lo que vieron era diferente de la realidad en el mundo invisible.

Dios ya había preparado comida para ellos. Desde el granero que había preparado en el cielo, hizo llover pan todos los días. Sin embargo, ellos solo miraron abajo, a la derecha y a la izquierda, sin mirar arriba, y por eso no pudieron encontrar comida en ningún lugar. Dios clasificó a esas personas en el grupo que sería destruido en el desierto. Por eso, el apóstol Pablo enfatizó repetidamente en 1 Corintios que nosotros no debemos seguir su ejemplo.

1 Co. 10:1-13 『[…] nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. […]』

Dios permitió que esas cosas les sucedieran a los hijos de Israel como ejemplos y advertencias para nosotros, para que no seamos como ellos. Si observamos cuidadosamente con qué clase de personas no se agradó Dios y quiénes fueron destruidos en el desierto, podremos encontrar la respuesta a la pregunta: “¿Qué clase de fe debemos tener en esta época?”

Cuando recorremos el camino a nuestro hogar celestial, necesitamos el mismo tipo de resolución que es necesario para recorrer el desierto. En nuestro viaje, sin embargo, Dios está siempre con nosotros. Como nos olvidamos de esto, nos sentimos desamparados como un hombre que está encerrado en una caja de cristal, pero en realidad nuestra visión de la realidad no es real. De hecho, la parte superior está abierta, y los otros lados también están abiertos. Sin embargo, nos limitamos a fronteras artificiales creadas por nuestros propios pensamientos.


Miren la realidad del mundo espiritual

A través de los hechos históricos de la vida de los israelitas en el desierto, consideremos si miramos arriba y vemos todas las cosas que Dios opera, o si simplemente miramos atrás y adelante, a la izquierda y a la derecha, caminando en el desierto de la fe.

Para llevar a cabo la obra de Dios de salvar al mundo, ahora estamos realizando todos los esfuerzos para encontrar la “sal del mundo”, que purificará el mundo entero como el tres por ciento de sal que purifica el agua del mar. Si decimos las buenas nuevas a todas las naciones, no siempre estaremos en una situación favorable en la que ellos abran inmediatamente su mente y escuchen nuestra predicación, sino que nos enfrentaremos a muchas situaciones difíciles. Podríamos sentirnos como si estuviéramos encerrados en una caja de cristal si miramos atrás y adelante, a la izquierda y a la derecha. Sin embargo, el lado superior siempre está abierto.

La Biblia nos dice que debemos echar toda nuestra ansiedad sobre Dios (1 P. 5:7). Ninguno de nosotros puede añadir un codo a su estatura por mucho que se afane, ni podemos hacer blanco o negro un solo cabello (ref. Mt. 6:27, 5:36). Si Dios ha dicho que nos sacará de Egipto y nos llevará a Canaán a través del desierto de la fe, Dios ciertamente hará esa obra por cualquier medio. Por lo tanto, todo lo que tenemos que hacer es avanzar, confiando solo en Dios. Como Dios dijo que Él llevaría a su pueblo sobre alas de águila y los traería a sí mismo, ahora nos guía con su poder. Mientras seamos llevados sobre alas de águila, no necesitamos preocuparnos si las águilas pueden volar mientras nos llevan.

En realidad Dios siempre está con nosotros. Sin embargo, los diez espías olvidaron el hecho de que además del mundo visible existe el mundo invisible, y solo hablaron de la realidad del mundo visible. Dios dijo que ellos nunca entrarían en Canaán. Mientras que Dios dio Canaán a los israelitas físicos como la tierra de reposo, Él ha dado el cielo a los israelitas espirituales como el lugar de reposo eterno para ellos. Así que, si Dios ha dicho a alguno que no entrará en Canaán, esto significa que no podrá entrar en el reino de los cielos.

Espero sinceramente que ninguno de nuestros hermanos y hermanas de Sion se aparte de Dios en el camino hacia la Canaán celestial. Siempre debemos estar conscientes de Dios y buscarlo, para que todos podamos entrar en el reino de Dios. Aunque parece que ahora estamos en condiciones desfavorables donde no hay comida y que somos débiles y frágiles en comparación con ellos, siempre tengamos a Dios a nuestro lado.

Si estamos conscientes de Dios, podremos superar cualquier situación de temor, al igual que Daniel y sus tres amigos, Sadrac, Mesac y Abed-nego. Ya que ellos estuvieron conscientes de Dios incluso en una terrible situación, Dios cerró la boca de los leones y evitó que el horno ardiente los dañase (ref. Dn. 3, 6). Al igual que ellos, los que siempre piensan en Dios, llevan una vida milagrosa todos los días, pero los que no tienen a Dios a su lado, llevan una vida difícil y dolorosa.

En el desierto de la fe, hay dos tipos de personas: los que son como Josué y Caleb, y los que son como los diez espías. Necesitamos considerar cuidadosamente los pasos de quién debemos seguir, para que no terminemos lamentándonos al final de nuestro viaje al cielo. No miremos únicamente la realidad externa del mundo físico, sino miremos la realidad del mundo espiritual con nuestros ojos espirituales como Josué y Caleb, y sigamos hasta el final a nuestro Padre y a nuestra Madre por dondequiera que nos lleven.