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Ninguna parte de los sermones en texto puede ser imprimida o difundida. Por favor, grabe en su corazón lo que ha entendido, para compartir la fragancia de Sion.

Superen la tentación


Cuando vemos lo que le sucedió al pueblo de Israel en el desierto, podemos encontrar la sabiduría para vencer las tentaciones. Los israelitas sufrieron toda clase de dificultades en Egipto durante cuatrocientos treinta años, y por la gracia de Dios fueron liberados de la esclavitud de Egipto y se dirigieron hacia la tierra de Canaán. Como el pueblo elegido de Dios, ellos celebraron la Pascua y recibieron los diez mandamientos —las palabras del pacto— y los estatutos, preceptos y leyes de Dios. Aunque eran el pueblo elegido a quienes Dios había dado su pacto, la mayoría de ellos no pudieron llegar a la tierra de Canaán y fueron destruidos en el desierto. Esto ocurrió porque no pudieron vencer las tentaciones.

Hoy en día, nosotros también somos el pueblo del pacto y los hijos de la promesa profetizados en la Biblia, y la verdad que se nos ha dado es absolutamente perfecta. El problema es que a veces no vencemos la tentación. Cuando consideramos que no vencer la tentación nos causa sufrimiento y nos hunde en el camino de la destrucción, todos debemos superar la tentación.


No entréis en tentación

El pueblo de Dios necesita tener sabiduría para superar la tentación. La Biblia nos da la sabiduría que nos guía a la salvación. Aprendamos la sabiduría de la Biblia.

Mt. 26:41 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; […]”

En la noche de la Pascua, cuando Jesús estaba orando más intensamente en la loma de Getsemaní debido al sufrimiento que enfrentaría al día siguiente, sus discípulos se quedaron dormidos. Entonces Jesús los despertó y les enseñó que siempre oraran para que no entraran en tentación, y les dio un ejemplo de vencer la tentación a través de la oración.

En el Padre nuestro, Jesús también nos enseñó que pidamos a Dios que no nos meta en tentación.

Mt. 6:9-13 “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos […]. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; […]”

Por causa de la tentación, algunas personas caen en el desierto de la fe, y otros abandonan la carrera espiritual justo antes de entrar en el reino de los cielos. Cuando los israelitas caminaron en el desierto durante cuarenta años, hubo muchas tentaciones. Así como Dios hizo llover maná para que comieran, pudo haberles dado todo lo que necesitaban. Sin embargo, como no confiaron totalmente en Dios Todopoderoso, cayeron en tentación y murmuraron contra Él por no tener agua ni comida ni carne para comer. Debido a sus deseos interminables, cayeron en tentación, adoraron ídolos, cometieron adulterio, murmuraron contra Dios y lo pusieron a prueba. Como resultado, fueron destruidos en el desierto.

Estas cosas se escribieron como una advertencia para nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos (1 Co. 10:1-11). Encontremos en la Biblia las enseñanzas prácticas que Dios nos ha dado para guardarnos de no caer en tentación.


Sadrac, Mesac y Abed-nego superaron la tentación de la idolatría

Primero, aprendamos la fe de nuestros antepasados que vencieron la tentación de adorar ídolos.

Dn. 3:19-28 “Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado. […] Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo. Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente […]. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses. Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego. Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey, para mirar a estos varones, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían. Entonces Nabucodonosor dijo: Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios.”

El rey Nabucodonosor levantó una gran imagen de oro en el campo de Dura y se reunió con todos sus funcionarios, y les ordenó adorar al ídolo. Todos ellos se inclinaron para adorar a la imagen de oro, pero Sadrac, Mesac y Abed-nego escogieron obedecer la palabra de Dios en vez de la orden del rey. Ellos rechazaron adorar ídolos, diciendo que nunca se inclinarían ante la imagen de oro que el rey había hecho porque Dios, quien es santo y controla la vida y la muerte, les había mandado no adorar ídolos.

Entonces el rey se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra ellos. Él había sido favorable a los cautivos de Judá y los puso en altas posiciones, pero ellos rechazaron obedecer su orden. Por eso, él se enojó mucho y dio órdenes estrictas de echarlos en el horno de fuego que se había calentado siete veces más de lo acostumbrado.

Incluso en situaciones peligrosas y escalofriantes en las que eran amenazados de muerte, no vacilaron en absoluto. Ellos se mantuvieron firmes en la fe, diciendo que Dios los rescataría del fuego, y que aunque no lo hiciera, tampoco se inclinarían ante el ídolo. Como superaron la tentación, Dios los salvó del horno de fuego ardiendo. Entonces el rey Nabucodonosor se sorprendió tanto que glorificó a Dios, diciendo: “Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego”, y decretó en toda Babilonia que cualquiera que dijera blasfemia contra Dios, sería descuartizado, y su casa convertida en muladar (Dn. 3:29-30).

Como vemos, Dios bendice a los que superan la tentación. A través de las enseñanzas de nuestros antepasados de la fe, Dios nos enseña la sabiduría que nos guía a la salvación.

Ellos mantuvieron su fe firme incluso afrontando tentaciones que amenazaban su vida. ¿Y qué hay de nosotros? ¿Seguimos sometiéndonos a pequeñas dificultades? Cuando recorramos el correcto camino de la fe y guardemos nuestra fe firme superando cualquier tentación, todas las personas del mundo alabarán a nuestro Dios como hizo el rey Nabucodonosor.


José superó la tentación del adulterio

Hay diferentes tipos de tentaciones. Satanás trata de obstruir nuestro camino al cielo obstaculizando nuestra fe hacia Dios y haciendo que nos rindamos ante él por medio de
la tentación de adorar ídolos y muchas otras tentaciones. Siempre debemos superar todas las tentaciones.

Gn. 39:1-23 “Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá. Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. […] Y dejó todo lo que tenía en mano de José, y con él no se preocupaba de cosa alguna sino del pan que comía. Y era José de hermoso semblante y bella presencia. Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo. Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: […] ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? Hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella, aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí. Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió. Cuando vio ella que le había dejado su ropa en sus manos, y había huido fuera, llamó a los de casa, y les habló diciendo: Mirad, nos ha traído un hebreo para que hiciese burla de nosotros. Vino él a mí para dormir conmigo, y yo di grandes voces; y viendo que yo alzaba la voz y gritaba, dejó junto a mí su ropa, y huyó y salió. […]”

José, el undécimo hijo de Jacob, fue vendido a Potifar como un esclavo en su casa. Cuando su señora lo tentó, él no cometió adulterio con ella. Como rechazó su petición, fue acusado falsamente e incluso arrojado a prisión. Sin embargo, Dios vio la justicia de su corazón y estuvo siempre con él, y posteriormente ascendió a la posición de gobernador de todo Egipto.

Los que superaron la tentación recibieron numerosas y grandes bendiciones. No debemos olvidar que Dios libera de las tentaciones a los que son piadosos y fieles y les concede bendiciones. A veces podríamos enfrentar situaciones en las que nos sintamos tratados injustamente y abandonados por Dios. Sin embargo, al final esto nos traerá bendiciones.

La tentación es uno de los principales factores que nos impide mantenernos firmes en la fe hasta el final. Si Sadrac, Mesac y Abed-nego hubieran sucumbido ante la tentación, ¿habrían sido salvos solo por ser judíos o el pueblo elegido de Dios? Habrían perdido los derechos de los judíos y del pueblo de Dios si se hubieran rendido ante la idolatría, ¿no es así?

De la misma manera, José habría sido tildado de malhechor para siempre si no hubiera superado la tentación de su señora. Sin embargo, él siempre llevó una vida piadosa de acuerdo con las enseñanzas de Dios. Por eso, aunque fue acusado falsamente y puesto en prisión temporalmente, Dios cambió su situación y él llegó a ser el segundo en poder después de Faraón y gobernó sobre toda la tierra de Egipto. José tuvo una vida ajetreada, de acuerdo con el plan y la providencia de Dios. Él fue odiado por sus hermanos y vendido a Egipto, donde enfrentó toda clase de dificultades y tentaciones. Sin embargo, como superó todo, se convirtió en el gobernador de Egipto; y cuando hubo un hambre severa en la tierra de Canaán, ayudó a traer a su familia a Egipto para que pudieran escapar del hambre.


Jesús superó la tentación en la cruz

Cuando enfrentamos la tentación, debemos tener discernimiento para distinguir qué camino es correcto, como hicieron José, Sadrac, Mesac y Abed-nego. Aunque podríamos sufrir en el proceso, no debemos consentir la injusticia para evitar sufrir. Sin importar las dificultades que enfrentemos, debemos recorrer el camino correcto según los decretos, leyes y estatutos de Dios.

Jesús terminó su ministerio en la tierra soportando y venciendo las tentaciones más grandes.

He. 12:1-3 “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.”

La cruz fue un tipo de tentación que produjo un sufrimiento tremendo. Si consideramos lo que Jesús dijo: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa”, podemos imaginar lo grande que debe de haber sido el dolor de la cruz.

Jesús superó la tentación en la cruz, y recibió la gloria de sentarse a la diestra del trono de Dios. Jesús sabía que sufriría vergüenza, insultos y dolores extremos, pero no escogió evitarlos. Él estuvo dispuesto a recorrer el camino del sufrimiento para convertirse en una ofrenda de expiación por nosotros, de modo que pudiera completar la gloriosa obra de la salvación.

Nosotros también enfrentamos tentaciones al recorrer el camino espiritual de la fe. Cuando viene la tentación, nos sentimos preocupados y angustiados. La tentación que Jesús experimentó en la cruz, la tentación que José enfrentó, y la tentación que Sadrac, Mesac y Abed-nego afrontaron, fueron dolorosas. Sin embargo, si superamos todos los dolores y sufrimientos y recorremos el camino correcto que Dios nos ha enseñado, encontraremos grandes bendiciones esperándonos. Cuando enfrente una tentación, no solo trate de evitarla, sino busque la voluntad de Dios en ella y siempre supérela.


Bienaventurados los que superan la tentación

Las tentaciones no solo ocurrieron durante el camino del desierto de cuarenta años, sino en todas las épocas. Incluso ahora hay muchas tentaciones para el pueblo de Dios. A través de la Biblia, Dios nos enseña cómo superar las tentaciones y qué bendiciones nos acompañan cuando las superamos.

Stg. 1:12 “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.”

Si padecemos y superamos las pruebas y tentaciones, recibiremos la corona de la vida; todas las bendiciones y gloria que Dios nos ha preparado nos serán entregadas.

Cuando venga una prueba en nuestro camino, no debemos concentrarnos en la prueba en sí, sino pensar en cuál es la voluntad de Dios, y obedecer sus enseñanzas y mandamientos. Por eso, la Biblia dice que el varón que soporta la tentación es bienaventurado y recibirá la corona de la vida cuando haya resistido la prueba.

2 P. 2:9-12 “sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio; y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. […]”

Para recibir la ayuda de Dios en el tiempo de prueba, debemos llevar una vida piadosa de la fe. Dios libra a los piadosos de la prueba, pero reserva a los injustos para ser castigados.

Aunque los israelitas eran el pueblo elegido de Dios, muchos de ellos fueron destruidos durante el camino del desierto de cuarenta años. Esto sucedió porque no superaron las pruebas ni las tentaciones. Ahora moramos en la verdad del nuevo pacto y creemos en Dios, y estamos en la posición gloriosa de ser el pueblo elegido de Dios y el resto de la descendencia de la mujer. Sin embargo, ¿todo esto pierde el sentido si caemos en tentación y abandonamos nuestras bendiciones como Esaú? La tentación es hacer que alguien tenga el corazón de Esaú. Cuando caemos en tentación, nuestra primogenitura nos parece insignificante, y las bendiciones del sacerdocio real del cielo y hasta el pacto de Dios parecen no tener valor, y las promesas que Dios nos ha hecho se vuelven nada en un instante. Debemos prestar atención a esto. Por eso, Jesús siempre decía con énfasis a sus discípulos en la verdad: “Velad y orad para que no entréis en tentación”, “Orad que no entréis en tentación”, y también dijo: “El que persevere hasta el fin, este será salvo”.

Quisiera que todos tengan una vida santa y piadosa de acuerdo con la voluntad de Dios, como Cristo nos ha enseñado. No olviden que están viviendo en las bendiciones de Dios, y glorifiquen y agradezcan a Dios aún más. Pido sinceramente a todos los hijos de Dios que nunca caigan en tentación, sino que la superen poniendo la palabra de Dios en su corazón y agraden al Padre y a la Madre celestiales aferrándose a las bendiciones celestiales hasta el final.