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Ninguna parte de los sermones en texto puede ser imprimida o difundida. Por favor, grabe en su corazón lo que ha entendido, para compartir la fragancia de Sion.

El Número Uno

Al principio del año nuevo, Dios nos envió nuestros hermanos y hermanas del extranjero para alabar la gloria del Padre y la Madre del cielo, y nos permitió escuchar las alegres nuevas de que nuestra iglesia recibió premios de muchos países. Viendo todas estas cosas, creo que este año traerá consigo el perfecto cumplimiento de la profecía de que Dios nos dará honra y alabanza entre todos los pueblos de la tierra.

Como continuamos recibiendo premios en esta tierra, que es figura y sombra, me siento más emocionado por las recompensas en el cielo. Dios ciertamente dijo: “Mi galardón está conmigo”. Si la vemos desde el espacio, la Tierra aparece como una partícula de polvo, solo uno de numerosos planetas. Así, los premios que recibimos en la tierra, sin importar qué tan grandes sean, no pueden compararse con las recompensas que recibiremos en el eterno reino de Dios. También este año, corramos diligentemente hacia la meta por el premio del supremo llamamiento que Dios nos permitirá, como pueblo de Sion.


Dios es el número uno

Ser el “número uno” significa ser el mejor. ¿Quién es el número uno para nosotros? Es nuestro Dios.

La Biblia describe a Dios como el “Altísimo”. Dios es el Ser Supremo, que es Rey de reyes y Señor de señores, el Alto y Sublime (1 Ti. 6:15, Is. 57:15). Dios creó todas las cosas y las gobierna, y da vida y aliento a todas las personas. Por eso, Dios es digno de ser llamado el Número Uno.

Es necesario que pongamos a Dios primero en nuestra vida de la fe. Si no hacemos de Dios nuestra prioridad número uno, sin saberlo seremos presa de la mentalidad equivocada, como Judas Iscariote, y pensaremos erróneamente: “Dios me tolerará si no obedezco completamente esta palabra”. Sin embargo, Dios ha dicho que sus caminos son más altos que nuestros caminos, y sus pensamientos más altos que nuestros pensamientos, como los cielos son más altos que la tierra, y nos ha dicho que abandonemos nuestros pensamientos y volvamos a Él (Is. 55:6-9).

Mt. 15:13-14 “Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.”

Jesús dijo: “Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada”. Así que solo la santa voluntad de Dios permanecerá para siempre. Todo lo que Dios no ha plantado, es decir, todo lo que es de origen humano, terminará siendo destruido; pero lo que Dios ha plantado permanecerá para siempre.

Hch. 5:38-39 “Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios.”

Si algo es de Dios, nunca caerá. La palabra de Dios nunca cae ni perece. ¿Puede el hombre destruir el mundo de Dios? Ninguna cosa que venga de Dios —quien gobierna el universo entero y conoce el final desde el principio— puede caer, por más obstáculos que vengan de los humanos. Como hijos de Dios, siempre debemos recordar la grandeza de Dios, que dijo: “Fuera de mí no hay Dios”, y “Fuera de mí no hay quien salve”.


La posición más alta

Somos los hijos de Dios, quien es el Número Uno. Para Dios en el cielo, somos los número uno; Dios nos ama y nos cuida más que a ninguno. Como los padres aman a sus hijos sobre todas las cosas, nuestro Dios, que es el Número Uno, nos ama por encima de todo. ¿Qué más necesitamos hacer? La Biblia dice: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”. Todos debemos ir al sorprendente mundo lleno de gracia que Dios ha preparado para nosotros, sin dejar atrás a nadie.

Si abrigamos esta esperanza, siempre podremos vivir con alegría. No obstante, si no tenemos entendimiento, no podemos evitar llevar una vida dolorosa, sin lograr considerar nuestras bendiciones. Debemos tener ojos espirituales.

La mayoría de las personas no comprenden el mundo espiritual, y aspiran a tener una posición más alta y disfrutar de más riquezas que los demás en esta tierra. Sin embargo, todos nosotros somos hijos de Dios. Él está preparando para nosotros la bendición de reinar para siempre en el eterno reino de los cielos.

Ap. 22:4-5 “No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.”

Una vez visité el Reino Unido para recibir el Premio de la Reina al Servicio Voluntario, por la gracia del Padre y la Madre. En ese entonces fui invitado a la garden party de la Reina en el palacio, donde tuve la oportunidad de ver de cerca al hijo mayor del Príncipe Heredero. No había nada especial en su apariencia, a pesar de ser miembro de la familia real. No obstante, muchas personas lo envidiaban y lo trataban con respeto.

Él es envidiado y respetado por la gente, solo por ser el nieto de la Reina. ¡Cuánto más grande será la gloria de los príncipes y princesas celestiales, a quienes Dios ama, en el gran universo, el mundo celestial! Somos hijos de Dios mediante el evangelio del nuevo pacto. Nuestra posición como hijos de Dios es algo que hasta los ángeles envidian, y es una bendición que no debemos perder.

Estamos haciendo la obra más grandiosa. La ONU ha adoptado una serie de 17 objetivos que aspiran a asegurar la felicidad de la gente. Para alcanzar los objetivos, muchas personas en cada país están trabajando duro en varios campos, y algunos de ellos fueron premiados por sus esfuerzos. Entonces, ¿cuánto más valiosa y grandiosa es la obra de la predicación del evangelio, que estamos haciendo ahora para guiar a la gente a la vida eterna y la felicidad?

No nos concentremos solo en las cosas de esta tierra, sino aceptemos con gracia la santa voluntad de Dios, quien administra el gran universo. Necesitamos ser más diligentes en la grandiosa obra que Dios, quien es el más grande, nos ha encomendado hacer, de modo que todas las personas puedan dirigirse al eterno mundo que Dios ha preparado para nosotros.


La enseñanza más grande

La palabra de Dios es la enseñanza más grande que permanece para siempre. Muchas personas en el mundo respetan las palabras de los famosos como Goethe, Voltaire y Sócrates. Sin embargo, la enseñanza más grande en el universo entero más allá de la tierra, es la palabra de Dios.
La iglesia a la que ahora asistimos, es la verdadera iglesia que ha sido establecida por Dios, quien es el Número Uno, y la verdad que ahora aprendemos es la enseñanza más grande que ha sido dada por Dios, quien es el más grande en el universo entero. Así que debemos estudiar la palabra de Dios cada día para obtener sabiduría y conocimiento. Asimismo necesitamos poner en práctica la palabra de Dios, en lugar de solo escucharla, para que podamos vivir de acuerdo con la palabra de Dios como pueblo de Sion.

Mt. 7:21 “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.”

Solo los que ponen en práctica la voluntad de Dios, pueden entrar en el eterno reino de los cielos. Satanás ha ideado numerosas estrategias para impedir que el pueblo de Dios vaya al cielo. Solo Dios conoce el camino al cielo. Es imposible que entremos en el cielo sin seguir los métodos e instrucciones de Dios. Por esta razón, Jesús dijo que solo quienes comprendan correctamente la voluntad del Padre y la pongan en práctica con precisión, podrán entrar en el eterno reino celestial.

Dios, que es el Número Uno, ha proporcionado en la Biblia el mejor camino para que los hijos del cielo puedan seguir la voluntad del Padre y la Madre lo suficiente como para ir al cielo. Sin embargo, ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, puede abrir el libro, ni aun mirarlo (Ap. 5:1-5). Si leemos un libro, podemos averiguar las intenciones del autor. No obstante, la Biblia es diferente de otros libros; no es fácil para las personas entender la Biblia, sin importar cuántas veces la lean y la estudien. La Biblia registra las cosas que los sacerdotes reales del cielo deben aprender. Por ello, Dios ha puesto el mejor sistema de seguridad en la Biblia para que no todos puedan acceder a ella. Dado que Dios, que es el Número Uno, ha puesto su grandioso propósito y voluntad en la Biblia, las personas no pueden entender las palabras de la Biblia con su propia sabiduría y conocimiento porque, aunque viendo, no ven. La Biblia es un libro muy misterioso.

Por eso el apóstol Pablo dijo: “Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor” (1 Co. 4:5). Dios ha venido a esta tierra en la carne para hacer que sus hijos del cielo conozcan los misterios de la Biblia que las personas no ven, aunque viendo, y no entienden en sus corazones. Según la profecía de que Dios nos enseñará sus caminos (Mi. 4:1-2), Él ha venido y nos ha dado la mejor enseñanza.

Ap. 22:18-19 “Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.”

No hay otra manera de que seamos salvos, excepto a través de las enseñanzas de Dios. Por esa razón, la Biblia nos dice que no debemos añadir ni quitar de la palabra de Dios. Si alguien añade o substrae algo de la palabra de Dios, será excluido del reino de los cielos. Cada enseñanza de la Biblia es el camino al cielo que Dios ha abierto para nosotros. Teniendo en cuenta este hecho, no giremos a la derecha ni a la izquierda, sino sigamos el camino por el que el Padre y la Madre nos guían para así poder entrar en el eterno reino de los cielos sin excepción. Doy gracias a Dios Elohim una vez más por darnos las palabras de vida eterna y permitirnos vivir en la palabra de Dios.


Los seres más completos a través del nuevo pacto

Aquellos que consideran que Dios es el más grande en todo el universo, no descuidan las enseñanzas de Dios. Solo cuando comprendamos plenamente que Dios es el Ser Supremo, podremos entender qué grandiosos y valiosos somos y el camino que estamos recorriendo hoy.

Is. 60:21-22 “Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme. El pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte. Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.”

Las palabras de la Biblia son las enseñanzas que el Dios Todopoderoso, quien mira nuestro futuro anticipadamente, nos ha dado para nuestra felicidad futura. A través de las enseñanzas de Dios, estamos siendo creados de nuevo como los más valiosos que vivirán en el reino de Dios para siempre. La Biblia dice que las personas, la obra de las manos de Dios, mostrarán su esplendor. Veamos cómo es que Dios los crea de nuevo.

Mt. 26:17-19, 26-28 “El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua? Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos. […] Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la pascua. Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Jesús dio a sus discípulos el pan de la Pascua, diciendo: “Esto es mi cuerpo”, y ofreció el vino de la Pascua, diciendo: “Esto es mi sangre del nuevo pacto”. Dios nos ha prometido la vida eterna al desgarrar su cuerpo, el ser inmortal, y permitirnos comerlo, y al derramar su santa sangre y permitirnos beberla. Por eso, Dios nos ha dado a luz a través del nuevo pacto. Dios, el más completo, nos hace los seres más completos al poner su carne y su sangre en nosotros, como dijo: “Ellos son la obra de mis manos”.

2 Co. 6:17-18 “Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.”


El apóstol Pablo, quien escribió 2 Corintios, estaba bajo el nuevo pacto, guardando el Día de Reposo y la Pascua. Aquí, también podemos ver las palabras del Dios Todopoderoso: “Seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas”. Los hijos del cielo son la mejor obra de Dios, el Número Uno, que Él ha creado con sus propias manos.


Sigan la guía de Dios, que es el Número Uno, para entrar en el cielo

Dios entrenó a los israelitas para que obedecieran sus mandamientos en el desierto, antes de entrar en la tierra de Canaán donde fluía leche y miel. Durante seis días hizo descender maná sobre ellos, pero en el séptimo día no lo envió. En lugar de ello, en el sexto día les dio el doble de maná, la cantidad de comida que necesitarían para ese día y el siguiente. Los israelitas aprendieron la voluntad de Dios, quien dijo: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”, en su vida cotidiana durante cuarenta años para poder entrar en la tierra de Canaán.

Fue igual con la Pascua. Dios salvó a su pueblo permitiéndoles guardar la santa Pascua, pero castigó a los egipcios que no la celebraron y ejecutó sus juicios sobre todos los dioses de Egipto. Este hecho quedó profundamente arraigado en las mentes de los israelitas. Dios también les permitió guardar la Pascua antes de entrar en Canaán. Solamente después de celebrarla, pudieron entrar en la tierra.

Dios enseñó a su pueblo a obedecer todos sus mandamientos y luego les permitió entrar en la tierra de Canaán. Por lo tanto, nosotros también debemos seguir fielmente todas las enseñanzas que Dios nos ha dado en esta tierra, para poder ser suficientemente dignos de entrar en el eterno reino de los cielos. Dios es el Ser Supremo, la palabra de Dios es la enseñanza más grande, y nuestra posición como hijos de Dios es la posición más alta. La predicación es la obra más valiosa del mundo que Dios mismo llevó a cabo para darnos ejemplo. Con el fin de permitirnos heredar el eterno reino de los cielos como sacerdotes reales, Dios nos ha dado la misión de predicar, la cual solo los hijos del cielo pueden hacer.

No es sencillo adquirir las mejores cosas. Sin embargo, Dios siempre ayuda a los que hacen su voluntad. Es por eso que nuestra Iglesia de Dios ahora ha podido predicar el evangelio a todo el mundo en Samaria y hasta lo último de la tierra a pesar de muchas dificultades.

Creemos en la palabra de Dios. Si seguimos plenamente la palabra de Dios, seremos exaltados sobre todas las naciones de la tierra. Es porque Dios es el Número Uno. No hay nada más precioso que la palabra de Dios, y ningún maestro es mejor que Él. La palabra de Dios es esencial en nuestra vida en esta tierra, y también es a través de la palabra de Dios que podemos ir al eterno reino de los cielos. Teniendo en cuenta esto, sigamos a Dios por dondequiera que nos guíe, sin descuidar ninguna de sus palabras, para que podamos ser completamente cambiados y nacer de nuevo como el pueblo de Dios día tras día, mes tras mes.

Nuestro Dios es el Número Uno. Sintámonos orgullosos por el hecho de ser mejores hijos de Dios a quienes Él, el más grande, más ama. Les pido encarecidamente a todos ustedes, miembros de nuestra familia celestial, que obedezcan las enseñanzas del Padre y la Madre celestiales basadas en la Biblia, pensando en las cosas eternas en lugar de enfocarse solo en las cosas terrenales, y que entremos juntos en el eterno reino de los cielos.