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Ninguna parte de los sermones en texto puede ser imprimida o difundida. Por favor, grabe en su corazón lo que ha entendido, para compartir la fragancia de Sion.

Los mandamientos y la rebelión

Rebelión generalmente significa un acto de desobedecer la dirección o política de un rey y conspirar contra él. En el mundo espiritual, la rebelión es la desobediencia a los mandamientos de Dios, nuestro Rey.
Los que guardan los mandamientos de Dios están del lado de Dios, y nunca se rebelan contra Él. Por esa razón, la Biblia nos dice que las personas que están del lado de Dios en la gran guerra espiritual en los últimos días son “el resto de la descendencia de la mujer” y “los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo” (Ap. 12:17).
A través de esta edición, tomémonos un tiempo para entender correctamente la relación entre los mandamientos de Dios y la rebelión y grabemos la importancia de los estatutos, decretos y leyes de Dios en lo profundo de nuestro corazón.


Josías se convirtió a Dios de todo su corazón, alma y fuerzas

Josías, rey de Judá, es conocido como una persona que siguió las leyes de Dios con todo su corazón, alma y fuerzas. A través de su ejemplo, averigüemos cómo podemos estar completamente del lado de Dios.

2 R. 23:21-25 “Entonces mandó el rey a todo el pueblo, diciendo: Haced la pascua a Jehová vuestro Dios, conforme a lo que está escrito en el libro de este pacto. No había sido hecha tal pascua desde los tiempos en que los jueces gobernaban a Israel, ni en todos los tiempos de los reyes de Israel y de los reyes de Judá. A los dieciocho años del rey Josías fue hecha aquella pascua a Jehová en Jerusalén. Asimismo barrió Josías a los encantadores, adivinos y terafines, y todas las abominaciones que se veían en la tierra de Judá y en Jerusalén, para cumplir las palabras de la ley que estaban escritas en el libro que el sacerdote Hilcías había hallado en la casa de Jehová. No hubo otro rey antes de él, que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro igual.”

No hay ningún registro particular en la Biblia que mencione que Josías hiciera más obras o consiguiera mayores logros que todos los otros reyes anteriores a él. Lo singular de él es que celebró la Pascua con todo su corazón y con gracia, de acuerdo con el mandamiento de Dios.
El mandamiento de celebrar la Pascua se especificaba en el libro del pacto, las Escrituras, que se habían encontrado en el templo de Dios. Después de leer las Escrituras, el rey Josías se dio cuenta de que no había podido celebrar la Pascua por mucho tiempo y que había muchos ídolos a su alrededor. Estaba indignado de haber vivido en contra del primer y segundo de los diez mandamientos. Luego llevó a cabo una completa reforma religiosa destruyendo los ídolos en toda la tierra de Judá y en Jerusalén. Esto le valió el elogio de Dios; fue reconocido como “un rey que se convirtió a Dios de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés”.


La Pascua, el pacto de Dios

La Pascua es un mandamiento, un pacto y una ley que Dios nos dio. Cuando Josías celebró la Pascua, Dios lo elogió, diciendo que amaba a Dios con todo su corazón, mente y fuerzas. Del mismo modo, si guardamos los mandamientos de Dios, podemos amarlo por completo y estar del lado de Él.
Dios, que ve lo por venir desde el principio, sabía que la Pascua, la verdad de vida, sería necesaria para salvar a su pueblo de los desastres. Por esa razón, enseñó a la humanidad acerca de la Pascua y le ordenó que la observara.

Éx. 12:11-14 “Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová. Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis.”

De acuerdo con las reglas de Dios, los israelitas celebraron la Pascua en el tiempo del Éxodo y justo antes de su entrada en la tierra de Canaán. Los reyes Ezequías y Josías también celebraron la Pascua. Cuando Jesús vino a esta tierra, celebró la Pascua con sus doce discípulos en el aposento alto de Marcos y la proclamó como el nuevo pacto (Mt. 26:17-28, Lc. 22:7-20). Más tarde, todos los santos de la iglesia primitiva, como los apóstoles Pedro, Juan, Santiago y Pablo, observaron la Pascua del nuevo pacto (1 Co. 5:7-8, 11:23-26).
Todas estas enseñanzas de la Biblia muestran que es natural que cualquiera que respeta a Dios celebre la Pascua. Hoy, la humanidad tiembla de miedo y ansiedad, debido a que los diversos desastres proliferan en todas partes. Dios ha prometido claramente que no nos traerá desastres, sino que hará que pasen por encima de nosotros, si guardamos la Pascua. También puso las bendiciones del perdón de pecados, la vida eterna y la salvación en la Pascua del nuevo pacto.
Aun así, actualmente muchas iglesias en el mundo desobedecen el mandamiento de Dios de guardar la Pascua. ¿Cómo los juzgará Dios?
La Pascua y todas las demás leyes y reglas del nuevo pacto, que Cristo nos ordenó guardar y dejó personalmente el ejemplo de observar, son los mandamientos de Dios para nosotros. Dios nos ama tanto que nos ha dado mandamientos, como el de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal y el de venir al Espíritu y la Esposa para tomar del agua de la vida (Gn. 2:17, Ap. 22:17). Dado que Dios nos concede sus mandamientos para dar vida eterna a nuestras almas, es muy importante observarlos a fin de obtener la salvación. Negarse a guardar las leyes y reglas de Dios se considera rebelión contra Dios en el mundo espiritual.


La rebelión contra Dios

En los tiempos del Antiguo Testamento, los israelitas se apartaron de los mandamientos y las leyes de Dios, negándose a escuchar a los profetas que continuamente les decían que guardaran los mandamientos de Dios y que volvieran al pacto de Dios. Cuando el profeta Daniel comprendió que su pueblo había perdido su patria y había sido llevado cautivo a Babilonia como resultado de haber abandonado el pacto, ofreció una sincera oración de arrepentimiento a Dios, confesando que habían cometido el pecado de rebelión contra Dios.

Dn. 9:2-6 “[…] Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.”

En todas las épocas, Dios ha mostrado misericordia con aquellos que guardan sus mandamientos, y ha definido el acto de negarse a obedecer sus mandamientos como rebelión. También mencionó el asunto de la rebelión en muchas partes de la Biblia.

Pr. 17:11 “El rebelde no busca sino el mal, y mensajero cruel será enviado contra él.”

Pr. 24:21-23 “Teme a Jehová, hijo mío, y al rey; no te entremetas con los veleidosos; porque su quebrantamiento vendrá de repente; y el quebrantamiento de ambos, ¿quién lo comprende? […]”

Los malvados solamente buscan la rebelión contra las leyes de Dios. La Biblia nos advierte que no nos unamos a los rebeldes, cuyo fin es el desastre y la destrucción.

Jer. 11:6-10 “Y Jehová me dijo: Pregona todas estas palabras en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, diciendo: Oíd las palabras de este pacto, y ponedlas por obra. Porque solemnemente protesté a vuestros padres el día que les hice subir de la tierra de Egipto, amonestándoles desde temprano y sin cesar hasta el día de hoy, diciendo: Oíd mi voz. Pero no oyeron, ni inclinaron su oído, antes se fueron cada uno tras la imaginación de su malvado corazón; por tanto, traeré sobre ellos todas las palabras de este pacto, el cual mandé que cumpliesen, y no lo cumplieron. Y me dijo Jehová: Conspiración se ha hallado entre los varones de Judá, y entre los moradores de Jerusalén. Se han vuelto a las maldades de sus primeros padres, los cuales no quisieron escuchar mis palabras, y se fueron tras dioses ajenos para servirles; la casa de Israel y la casa de Judá invalidaron mi pacto, el cual había yo concertado con sus padres.”

Dios describió el acto de abandonar y romper el pacto como una rebelión. Jesús también dijo: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos […] Apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mt. 7:21-23). Esto muestra que aquellos que no siguen la voluntad de Dios, no tienen nada que ver con Él, y en cambio los considera rebeldes, aunque aparentemente creen en Dios, profetizando y haciendo milagros en el nombre de Jesús.


El final de aquellos que quebrantan el pacto

Existen dos grupos de personas: los que no entienden las palabras de Dios y los que aceptan las enseñanzas de Dios y guardan todos sus pactos, aunque leen las mismas palabras de Dios. Es Dios Elohim quien abre nuestros ojos, oídos y corazones y nos guía para que podamos observar completamente los mandamientos de Dios. Por esa razón la Biblia expresa: “Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen” (Mt. 13:16-17).
Aquellos que ignoran los decretos de Dios y se niegan a guardar sus mandamientos, no pueden ser reconocidos como el pueblo de Dios. En el segundo año después del Éxodo, Dios también ordenó a los israelitas que celebraran la Pascua, diciendo severamente que serían cortados de entre su pueblo aquellos que dejaran de celebrarla.

Nm. 9:1-5, 10-13 “Habló Jehová a Moisés en el desierto de Sinaí, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, en el mes primero, diciendo: Los hijos de Israel celebrarán la pascua a su tiempo. El decimocuarto día de este mes, entre las dos tardes, la celebraréis a su tiempo; conforme a todos sus ritos y conforme a todas sus leyes la celebraréis. Y habló Moisés a los hijos de Israel para que celebrasen la pascua. Celebraron la pascua en el mes primero, a los catorce días del mes, entre las dos tardes, en el desierto de Sinaí; conforme a todas las cosas que mandó Jehová a Moisés, así hicieron los hijos de Israel. […] Habla a los hijos de Israel, diciendo: Cualquiera de vosotros o de vuestros descendientes, que estuviere inmundo por causa de muerto o estuviere de viaje lejos, celebrará la pascua a Jehová. En el mes segundo, a los catorce días del mes, entre las dos tardes, la celebrarán; con panes sin levadura y hierbas amargas la comerán. No dejarán del animal sacrificado para la mañana, ni quebrarán hueso de él; conforme a todos los ritos de la pascua la celebrarán. Mas el que estuviere limpio, y no estuviere de viaje, si dejare de celebrar la pascua, la tal persona será cortada de entre su pueblo; por cuanto no ofreció a su tiempo la ofrenda de Jehová, el tal hombre llevará su pecado.”

Dios nunca ha reconocido como su pueblo a aquellos que no guardan la Pascua, uno de sus mandamientos. En la antigüedad, los que se rebelaban contra el rey de una nación eran condenados a muerte o deportados a otro país, por lo que ya no podían vivir en ese país. Del mismo modo, aquellos que han quebrantado el pacto de Dios son los que se han rebelado contra Dios, así que no pueden convertirse en el pueblo santo del reino de Dios. Dios ha establecido el nuevo pacto, la ley de salvación, a través de su gran sacrificio expiatorio para salvar a los pecadores que estaban condenados a la muerte eterna y han sido arrojados a esta tierra como resultado de su rebelión en el cielo. Sin embargo, si no aceptan el nuevo pacto sino que lo rechazan, terminarán acumulando más pecados.


El camino de regreso a Dios

Dios ha dado a los que se han rebelado contra Él, la oportunidad de arrepentirse. En otras palabras, les ha permitido seguir sus pactos, mandamientos, decretos y leyes. La Pascua, uno de los pactos de Dios, es el camino de vida que Dios ha abierto para su pueblo que se había apartado de Él por la rebelión, para que se arrepientan y regresen a Él.

2 Co. 30:1-6 “Envió después Ezequías por todo Israel y Judá, y escribió cartas a Efraín y a Manasés, para que viniesen a Jerusalén a la casa de Jehová para celebrar la pascua a Jehová Dios de Israel. […] Fueron, pues, correos con cartas de mano del rey y de sus príncipes por todo Israel y Judá, como el rey lo había mandado, y decían: Hijos de Israel, volveos a Jehová el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, […]”

Para volver a Dios, debemos guardar los mandamientos de Dios, incluyendo la Pascua. Los mandamientos de Dios son las verdades necesarias para que los hijos del cielo regresen a Dios. Observarlos es poner en acción nuestro compromiso de arrepentirnos de todos los pecados que cometimos en el cielo y volver a Dios.
Dado que estamos viviendo en la época del Espíritu Santo, debemos regresar a Dios guardando la Pascua del nuevo pacto. Mediante la verdad del nuevo pacto, podemos entender correctamente qué camino nos guía de regreso a Dios y cuál es un acto de rebelión contra Dios.
Todavía hay muchas personas a nuestro alrededor que dicen amar a Dios con sus labios, pero no guardan y rechazan la verdad que Jesús deseó guardar ansiosamente. Ayudémosles a darse cuenta de que es un acto de rebelión contra Jesús, quien vino a esta tierra y estableció el nuevo pacto para salvarnos, y guiémoslos a observar los mandamientos de Dios a fin de que puedan permanecer al lado de Dios a partir de ahora.
Hoy, hemos recibido la verdad de Dios y la guardamos por la gracia del Padre y la Madre celestiales. Como miembros de la familia de Sion, mantengámonos en sintonía con los santos pactos y mandamientos de Dios por el resto de nuestra vida en la tierra, dando gracias al Padre y a la Madre celestiales por darnos la oportunidad de regresar a nuestro hogar celestial. Les pido sinceramente que prediquen el evangelio diligentemente en Samaria y hasta lo último de la tierra, permitiendo que muchas personas a su alrededor sepan correctamente la manera de alcanzar el verdadero arrepentimiento, la forma de glorificar al Espíritu y a la Esposa, nuestros Salvadores en esta época, de modo que puedan regresar juntos al eterno reino celestial.