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Ninguna parte de los sermones en texto puede ser imprimida o difundida. Por favor, grabe en su corazón lo que ha entendido, para compartir la fragancia de Sion.

El mundo invisible y la verdadera fe

La fe es esencial para la salvación. La Biblia dice claramente que las personas sin fe no pueden ser salvas. Es porque solo los que tienen fe pueden obedecer la palabra de Dios y guardar los mandamientos y estatutos que Dios ha establecido para nuestra salvación.
Dios creó el mundo visible e invisible. El mundo de la fe también es invisible, así que no hay manera de saber si nuestra fe es grande o pequeña en tiempos normales. Entonces, ¿cuándo y cómo se revela nuestra fe y qué fe debemos tener? Averigüémoslo a través de las enseñanzas de la Biblia.


Pruébense y examínense para ver si están en la fe

Cuando estaban en la escuela, en la clase de ciencias, todos pueden haber realizado al menos una vez un experimento para evaluar si una sustancia es ácida o alcalina. A simple vista, no podemos saber si una solución es ácida o alcalina. Sin embargo, cuando sumergimos papel tornasol en la solución, el color cambia, por lo que podemos determinar si la solución es ácida o alcalina.
La fe también es invisible. Entonces, ¿cómo prueba Dios nuestra fe? A nosotros también nos llega el momento, como el de poner el papel tornasol en una solución. En una situación tan específica, se muestra el grado o tamaño de fe de cada persona. Los que creen que Dios siempre está con ellos, no vacilan bajo ninguna circunstancia. Por otro lado, los que solo siguen a las personas a su alrededor, no pueden evitar quedarse sin fe algún día.

2 Co. 13:5-7 “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? Mas espero que conoceréis que nosotros no estamos reprobados. Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; […]”

La Biblia nos aconseja probarnos y examinarnos todos los días para ver si estamos en la fe. Si somos abandonados por Dios como personas sin fe, también estamos excluidos de la salvación. Siempre debemos ponernos a prueba para ver si practicamos nuestra fe hoy y demostrar claramente si contamos con ella. La Biblia nos recuerda que todo lo que no proviene de fe, es pecado a los ojos de Dios (Ro. 14:23).
Si creemos que Dios mora en nosotros, pero nuestra fe cambia o desaparece en varias circunstancias, muestra que Dios no mora en nosotros. Sin importar cuál sea nuestra situación, siempre debemos recorrer el camino del pacto de Dios, el camino de la promesa que Dios nos ha hecho.


Situación donde se revela la fe

Los estanques se congelan en pleno invierno. Hay piedras, pequeños pedazos de hierro, astillas de madera y hojas en los estanques congelados. En este estado, es imposible saber cuáles flotan y cuáles se hunden en el agua. Sin embargo, cuando llega la primavera y el hielo se derrite al elevarse la temperatura, se revelan sus propiedades originales. Las piedras y pedazos de hierro se hunden en el agua, mientras que las hojas y astillas de madera flotan en ella.
De esta manera, las cosas del mundo invisible revelan su identidad cuando surge una situación. Por esa razón, Jesús nos dio la siguiente enseñanza:

Mt. 7:24-27 “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.”

En tiempos ordinarios, tanto la casa construida sobre la arena como la casa construida sobre la roca parecen fuertes. Construimos nuestras casas de la fe, y no es posible saber qué casas están construidas adecuadamente hasta que ocurra una circunstancia externa. Sin embargo, cuando estamos expuestos a varios factores ambientales, cuando cae la lluvia, suben las corrientes y sopla el viento, entonces nuestra fe se revela, sea que nuestra casa de la fe esté construida debidamente sobre la roca o esté por caer y colapsar.
Dios nos da muchas circunstancias donde se puede revelar todo nuestro mundo invisible. Es por eso que Dios nos ha dicho que siempre nos probemos y examinemos si estamos en la fe.
Siempre examínense para ver quién los ayuda y los guía y si se mantienen firmes en la fe que el Padre y la Madre les han permitido. No hay razón para que llevemos una vida de la fe si no tenemos una fe correcta en Dios. Venimos a la iglesia no solo para asistir a los cultos y tener comunión unos con otros. La razón por la que adoramos y aprendemos la palabra de Dios cada Día de Reposo, es tener fe y finalmente hacer lo que Dios dice, para que podamos ir al eterno reino de los cielos.


Dios probó la fe en el desierto

Dios nos da circunstancias en las que podemos ver el mundo invisible. La vida de cuarenta años de los israelitas en el desierto es un buen ejemplo. Vivieron como esclavos en Egipto durante cuatrocientos años, donde fueron testigos del poder de Dios cuando derramó diez plagas sobre Egipto, y también vieron a Faraón, rey de Egipto, que tenía autoridad suprema, inclinarse ante el poder de la Pascua. Además, experimentaron el asombroso poder de Dios que dividió el Mar Rojo para que pudieran cruzarlo como en tierra firme y destruyó por completo al ejército egipcio que los perseguía. Después de experimentar personalmente el innegable poder de Dios, tuvieron fe en Él, que guía el tiempo y la historia, y salieron al desierto.
Sin embargo, el desierto era totalmente árido. En el desierto, Faraón ya no los oprimía ni obligaba a realizar trabajos forzados bajo la supervisión de los severos capataces, pero no había alimento para comer ni agua para beber. En el desierto sin alimentos ni agua que eran esenciales para la supervivencia, se quedaron sin la comida que habían traído consigo y su viaje tomó más tiempo. Cuando salieron de Egipto, pensaron que les tomaría aproximadamente un mes llegar a Canaán. Sin embargo, a medida que entraban en nuevas circunstancias, sus pensamientos y actitudes cambiaron por completo.
Habían presenciado el poder de Dios muchas veces y afirmaban tener fe. Sin embargo, a partir de entonces, comenzaron a quejarse y a murmurar, agitados por quienes los rodeaban. En circunstancias favorables, todos parecían tener fe, pero en el ambiente desértico se les acabó la fe, olvidando todo: el poder y la autoridad de Dios, sus promesas, etc.
Debemos recordar las enseñanzas del viaje de cuarenta años de los israelitas en el desierto. Su viaje de cuarenta años por el desierto no es simplemente un evento histórico que tuvo lugar hace 3500 años, sino un espejo y sombra que muestra el camino de la fe que debemos recorrer. A través de la Biblia, comparemos nuestra fe con la de ellos y encontremos la diferencia entre ambas.

Dt. 8:1-10 “Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres. Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años. Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga. Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole. Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra […]. Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado.”

Las palabras de Deuteronomio 8 no fueron solo para los israelitas. A través del caso de los israelitas, Dios revela su voluntad a todas las personas del mundo, tal como dijo: “Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo” (Mr. 13:37).
Dios examinó a los israelitas en distintas situaciones durante su viaje de cuarenta años en el desierto. Él les provocó hambre y sed, les hizo pelear contra naciones gentiles, y los expuso a la tentación de adorar ídolos. Todo esto fue bajo la voluntad de Dios porque al final quería llevarlos a la tierra de Canaán que fluía leche y miel, probándolos y refinando su fe.
Sin embargo, los israelitas se quejaban cada vez que estaban en una situación difícil; alababan a Dios solo en circunstancias favorables. Dios escuchaba todo lo que decían. Y descubrió lo que había en sus corazones, es decir, qué clase de mentalidad tenían hacia Él.
Cuando fueron expuestos al ambiente externo, se reveló inmediatamente su fe, si habían construido sus casas de la fe sobre la roca o la arena. Dios no los reconoció como aquellos que tenían fe. Por esa razón, la Biblia expresa que no pudieron entrar en Canaán a causa de incredulidad (He. 3:7-19).


La fe de Josué y Caleb que no dudaron bajo ninguna circunstancia

Solo aquellos que tienen fe son dignos de entrar en la tierra de Canaán. Después del Éxodo, Moisés envió doce espías para explorar la tierra de Canaán, siguiendo la orden de Dios. Eran los líderes de las tribus de Israel, uno de cada tribu. No obstante, cuando regresaron de explorar la tierra, diez de ellos cayeron en la lógica de la situación; y dieron un mal reporte sobre Canaán, diciendo que entraron en la tierra donde las ciudades estaban fortificadas, y que la gente era de gran tamaño, así que no podrían atacarlos. Dios creó todas esas circunstancias para poner a prueba su fe, pero cuando los israelitas escucharon el mal informe de los espías, se quejaron contra Moisés y contra Dios, perdieron su fe y se frustraron.
Solamente Josué y Caleb trataron de silenciar al pueblo, y dijeron: “Sus dioses se han apartado de ellos, pero nuestro Dios Todopoderoso está con nosotros. Los comeremos como pan”. En cuanto a las personas que tenían veinte años o más, que vieron el poder y los milagros de Dios cuando salieron de Egipto, al fin y al cabo no se les permitió entrar en Canaán, excepto a Josué y Caleb.

Nm. 14:26-30 “Y Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: ¿Hasta cuándo oiré esta depravada multitud que murmura contra mí, las querellas de los hijos de Israel, que de mí se quejan? Diles: Vivo yo, dice Jehová, que según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros. En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí. Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun.”

Caer en la lógica de la situación significa perder a Dios. Sin embargo, Josué y Caleb nunca perdieron a Dios, sino que caminaron siempre con Él. Creyeron que Dios, quien creó el universo entero y todo en él, cumpliría fácilmente las cosas de la tierra, que es más pequeña que un grano de arena. Aquí podemos ver su gran fe. Siempre pensaron en Dios y nunca olvidaron que Dios estaba guiándolos. Como tuvieron una fe absoluta en Dios, recibieron la promesa de Dios de entrar en la tierra de Canaán.
Hoy, estamos recorriendo el viaje de la fe en el desierto espiritual, y Dios nos prueba para ver si tenemos una fe suficientemente buena para entrar en la Canaán celestial donde fluye leche y miel eternas. En circunstancias en las que Dios nos humilla y nos prueba, nuestra fe se revela por completo, ya sea que esté construida sobre la roca o la arena. Así, Dios finalmente nos llevará al mundo glorioso donde solamente lo alabaremos. Como pueblo de Sion, sigamos a Dios que nos ama en silencio y nos guía por el camino de la vida hasta el final, sin olvidar las lecciones del viaje por el desierto de los israelitas, a fin de que podamos entrar en el eterno reino de los cielos.


Sin fe es imposible agradar a Dios

Hasta que regresemos a nuestro eterno hogar celestial, nuestra fe será probada en toda clase de situaciones. Cada vez que esto suceda, pensemos en Dios, al igual que Josué y Caleb. Observar lo que sucedió en el desierto por cuarenta años nos ayuda a ver qué clase de fe nos permite entrar en la Canaán celestial.

He. 11:1-6 “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”

La Biblia expresa que sin fe es imposible agradar a Dios. Cuando Jesús sanó a los ciegos y a los enfermos que se acercaron a Él, se agradó de su fe y dijo: “Conforme a vuestra fe os sea hecho”, “Tu fe te ha salvado” (Mt. 9:20-30).
¿Qué pasaría si cayéramos en la lógica de la situación y olvidáramos todo acerca de Dios, después de estudiar la palabra de Dios todos los días, orar diligentemente y guardar sus leyes? Dios estará muy preocupado, ¿no es así? No debemos perder nuestro hogar celestial ni apartarnos de él debido a la situación que está delante de nosotros. Debemos avanzar hacia el cielo, creyendo firmemente que Dios siempre está con nosotros y nos ayuda en cualquier situación y entorno.
Hace 3500 años, Dios trajo las plagas sobre toda la tierra de Egipto, e hizo que todas las plagas pasaran por encima de los israelitas que vivían allí. Dios, quien estableció Sion y habita con nosotros allí, es nuestro Padre y nuestra Madre, y nos guían al eterno reino de los cielos. Les pido sinceramente a todos, hijos de Dios, que guarden su fe hasta el final y que den verdadero consuelo y paz de parte de Dios a todas las personas que tiemblan de miedo en las diversas circunstancias que enfrentan.